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Kia se mete en el mundo pick-up con el Tasman, pero su diseño ya divide a medio mercado (especialmente las llantas)

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Kia ha decidido entrar en el mundo de los pick-up por la puerta grande. El nuevo Kia Tasman no es un simple ejercicio de imagen ni una variante aventurera de un SUV existente. Es un pick-up desarrollado para competir en mercados donde este tipo de vehículos se usan de verdad: trabajo, campo, remolque, ocio, pistas, carga y desplazamientos largos.

Sobre el papel, el planteamiento es serio. El Tasman cuenta con una arquitectura pensada para soportar uso intensivo, ofrece una capacidad de remolque de hasta 3.500 kg y puede superar la tonelada de carga útil, dependiendo de la versión y el mercado. Es decir, Kia no ha creado un coche de postureo, sino un modelo que quiere mirar de frente a rivales muy consolidados.

Pero hay un problema: antes incluso de que muchos conductores lo prueben, el Tasman ya está siendo juzgado por su diseño. Y no precisamente con suavidad.

Un diseño que Kia quería que se notara

El Kia Tasman tiene una estética muy marcada. El frontal es alto, vertical y muy cuadrado. La parrilla ocupa buena parte de la cara del vehículo, los faros quedan separados en los extremos y los enormes pasos de rueda negros se convierten en uno de sus rasgos más reconocibles.

Ahí está precisamente el punto que más críticas está recibiendo. Para algunos, el Tasman tiene una imagen robusta, diferente y funcional. Para otros, resulta excesivo, raro o directamente poco atractivo. Las críticas se han centrado especialmente en el frontal, en la forma de las aletas y en esos grandes elementos plásticos que rodean los pasos de rueda.

La llanta del Kia

Kia parece haber buscado una identidad muy clara: que su primer pick-up no pareciera una copia de los modelos tradicionales del segmento. El riesgo de esa decisión es evidente. Cuando una marca llega tarde a una categoría dominada por nombres muy asentados, necesita diferenciarse. Pero diferenciarse demasiado puede tener un coste.

El frontal, el gran foco de la polémica

La parte delantera es la que más conversación está generando. El Tasman no apuesta por una imagen elegante ni por líneas suaves. Todo es recto, vertical, duro y casi industrial. El capó es alto, la parrilla es muy protagonista y las ópticas se integran en una estructura que busca transmitir resistencia.

El resultado ha dividido a los aficionados. Hay quienes ven en él un pick-up con personalidad propia, alejado de la estética genérica que domina parte del mercado. Pero también hay quienes consideran que Kia se ha pasado de rosca y que el diseño puede convertirse en un freno comercial.

No sería la primera vez que ocurre. En el segmento pick-up, la imagen importa mucho. Estos vehículos no solo se compran por su capacidad de carga o remolque; también por lo que proyectan. Robustez, fiabilidad, presencia y valor de reventa son argumentos clave. Si el diseño genera rechazo, puede afectar incluso a compradores profesionales o empresas de flota.

Un pick-up con argumentos de verdad

Más allá de la polémica estética, el Tasman llega con cifras que demuestran que Kia se ha tomado el proyecto en serio. La marca habla de una caja con 1.512 mm de largo, 1.572 mm de ancho y 540 mm de profundidad, además de un volumen de carga de 1.173 litros según el método VDA.

La capacidad de remolque alcanza hasta 3.500 kg, una cifra que lo coloca en la zona alta del segmento y que resulta clave en mercados como Australia, Oriente Medio o algunos países de Latinoamérica. La carga útil también puede superar los 1.000 kg, lo que lo acerca al concepto de pick-up de una tonelada.

El Tasman no quiere ser solo un vehículo de estilo de vida. Kia lo plantea como una herramienta capaz para trabajo y ocio, con versiones orientadas al uso todoterreno y una construcción pensada para soportar exigencia real.

Motor diésel y enfoque práctico

En mercados como Australia, el Kia Tasman recurre a un motor 2.2 turbodiésel asociado a una caja automática de ocho velocidades, con versiones de tracción trasera o total según configuración. La marca ha optado por una fórmula conocida y lógica para el segmento: par suficiente, capacidad de carga, resistencia y facilidad de uso.

Este punto también es importante porque el Tasman no llega como una apuesta eléctrica ni como un experimento futurista. Llega como un pick-up convencional, pensado para competir en el terreno donde mandan modelos como Toyota Hilux, Ford Ranger, Isuzu D-Max o Mitsubishi L200/Triton.

Kia sabe que en este mercado no basta con tecnología o diseño. Hace falta demostrar fiabilidad, capacidad real y costes de uso razonables. Y ahí el Tasman tendrá que ganarse su reputación con el tiempo.

Interior tecnológico y más cercano a un SUV

Por dentro, Kia intenta marcar diferencias con un habitáculo más tecnológico y refinado que el de muchos pick-up tradicionales. La marca ha apostado por pantallas grandes, conectividad, asistentes de conducción y una presentación más cercana a sus SUV modernos.

Ese puede ser uno de sus puntos fuertes. Muchos compradores de pick-up ya no buscan solo una herramienta de trabajo. Quieren un vehículo que pueda remolcar, cargar y salir al campo, pero que también sea cómodo en carretera y agradable para viajar en familia.

El Tasman intenta jugar en esos dos mundos: dureza exterior y confort interior. La duda es si su imagen exterior será vista como un rasgo de carácter o como un obstáculo.

Kia defiende su apuesta: tenía que destacar

La propia marca ha defendido que el Tasman necesitaba una identidad fuerte. Kia entra en un segmento donde la mayoría de compradores ya tienen referencias claras y donde los modelos más vendidos llevan años construyendo una reputación. Si el Tasman hubiera llegado con un diseño demasiado conservador, quizá habría pasado desapercibido.

La estrategia es comprensible: llamar la atención, generar conversación y construir una imagen propia. Pero la conversación se ha descontrolado en parte porque muchas de las primeras reacciones se han centrado casi exclusivamente en si es bonito o feo.

Eso puede ser injusto para un coche que todavía tiene que demostrar sus capacidades en uso real, pero también refleja una realidad del mercado actual: el diseño se juzga antes que la ficha técnica.

Un riesgo calculado o un problema para vender

La gran pregunta es si Kia ha sido valiente o si se ha equivocado con el diseño. Puede ocurrir que, con el tiempo, el Tasman gane aceptación. Hay coches que al principio chocan y después se normalizan. También puede pasar lo contrario: que el rechazo inicial se mantenga y afecte a su valor de reventa o a su atractivo frente a rivales más convencionales.

En cualquier caso, el movimiento de Kia es interesante porque demuestra ambición. La marca no se conforma con SUV, híbridos y eléctricos. Quiere entrar en uno de los territorios más difíciles de la automoción, donde la fidelidad a marcas tradicionales pesa muchísimo.

El Kia Tasman llega con capacidad, tecnología y una propuesta seria. Pero su primer gran combate no será contra el barro, los remolques ni las pistas rotas. Será contra algo mucho más subjetivo y quizá más peligroso: la primera impresión.

Porque al nuevo Tasman no le faltan argumentos técnicos. Lo que le sobra, al menos por ahora, es polémica estética.