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Un técnico de la ITV: “Nos han engañado y el coche eléctrico no es el futuro”

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“Nos han engañado y el coche eléctrico no es el futuro”. La frase es dura, directa y pensada para abrir debate. La ha lanzado un técnico de la ITV en una reflexión sobre el papel real que tendrá el vehículo eléctrico en los próximos años. Su tesis principal es sencilla: el coche eléctrico tendrá su sitio, pero no va a sustituir por completo a los coches de combustión.

Según este técnico, el eléctrico tiene sentido en determinados escenarios, especialmente en ciudad, trayectos diarios previsibles, usuarios con punto de carga propio o flotas que puedan planificar bien sus recorridos. Pero considera que no será la única solución para todo el parque móvil.

La idea de fondo es que el futuro del automóvil no será una sustitución total y limpia de una tecnología por otra, sino una convivencia más compleja: eléctricos, híbridos, combustión, combustibles sintéticos, biocombustibles e incluso hidrógeno en nichos concretos.

El argumento del petróleo

El punto más fuerte de su razonamiento está en el peso del petróleo. El técnico recuerda que la economía mundial no solo depende del combustible que se echa en el depósito. Depende de toda una cadena: búsqueda, extracción, transporte, refino, producción, distribución, fiscalidad e industria auxiliar.

Y ahí hay parte de verdad. El transporte sigue siendo uno de los grandes consumidores de energía del mundo. La Agencia Internacional de la Energía señala que el transporte representa alrededor del 30% de la demanda energética global y que el transporte por carretera supone casi el 90% de la demanda energética del transporte doméstico.

Además, el petróleo continúa siendo central en la movilidad. La propia AIE recuerda que el transporte por carretera representa cerca de la mitad de la demanda mundial de petróleo. En Estados Unidos, por ejemplo, los productos petrolíferos todavía representaban en 2025 alrededor del 89% de la energía usada en el transporte, según la EIA.

Es decir, la base del argumento no es absurda: mover al mundo sin petróleo no es cambiar un enchufe por una manguera. Es tocar una estructura económica, industrial y fiscal enorme.

El eléctrico crece, pero no de forma uniforme

Ahora bien, decir que el coche eléctrico “no es el futuro” también necesita matices. Porque los datos muestran que el eléctrico sí está creciendo de forma muy importante.

La AIE calcula que las ventas mundiales de coches eléctricos crecieron un 20% en 2025, superaron los 20 millones de unidades y representaron una cuarta parte de todos los coches nuevos vendidos en el mundo. En Europa, las ventas crecieron más de un 30% y alcanzaron el 28% del mercado.

Para 2026, la misma agencia prevé que las ventas globales de eléctricos lleguen a 23 millones de unidades, alrededor del 28% del mercado mundial de coches nuevos. En Europa, la previsión es que uno de cada tres coches vendidos sea eléctrico.

En la Unión Europea, los datos de ACEA también reflejan esa transformación. Hasta mayo de 2026, los eléctricos puros representaban el 20% del mercado europeo, frente al 15,3% del año anterior. Los híbridos, por su parte, eran ya la opción más vendida, con el 37,8% de cuota. Mientras tanto, gasolina y diésel juntos bajaban al 30,1%, frente al 38% del año anterior.

El eléctrico, por tanto, no es una anécdota. Pero tampoco avanza igual en todos los mercados ni resuelve todos los usos.

No es lo mismo vender coches nuevos que sustituir todo el parque

Aquí está una de las claves que suele perderse en el debate. Una cosa es que aumenten las ventas de coches eléctricos nuevos y otra muy distinta es que desaparezcan los coches de gasolina y diésel de las carreteras.

La Unión Europea ha planteado que, desde 2035, los coches y furgonetas nuevos que salgan al mercado no emitan CO2. Pero eso no significa que los coches actuales desaparezcan de golpe. El propio Parlamento Europeo aclara que los vehículos de gasolina y diésel ya existentes podrán seguir circulando, y que también se podrán seguir comprando y vendiendo coches usados de combustión después de 2035.

Este matiz da bastante fuerza a la reflexión del técnico de la ITV: aunque el coche eléctrico domine la venta nueva en determinados mercados, el parque real tardará muchísimos años en renovarse.

En España, además, el parque móvil es antiguo, muchos conductores compran de segunda mano y una parte importante de la población no tiene garaje propio ni punto de carga. Esa realidad hace que la transición sea mucho más lenta de lo que parece cuando se mira solo el escaparate de los coches nuevos.

Los combustibles sintéticos entran en el debate

El técnico también apunta a una alternativa: los combustibles sintéticos. Su argumento es que podrían aprovechar buena parte de la infraestructura existente: motores de combustión, estaciones de servicio, logística, talleres y hábitos de uso.

La idea resulta atractiva porque promete reducir emisiones sin obligar a cambiar todo el parque de vehículos. Pero también tiene límites. Los e-fuels necesitan electricidad renovable, hidrógeno y captura de CO2. Su producción es compleja, cara y, de momento, mucho más difícil de escalar que la electrificación directa para un turismo convencional.

La propia Comisión Europea recoge ya una propuesta de flexibilidad para 2035 en la que los fabricantes podrían cumplir una reducción del 90% de emisiones de escape y compensar el 10% restante con acero bajo en carbono, e-fuels o biocombustibles, lo que permitiría que híbridos, extensores de autonomía y motores de combustión siguieran teniendo cierto papel.

Es decir, incluso en Bruselas empieza a abrirse la puerta a una visión menos binaria: no todo será eléctrico puro, pero tampoco todo seguirá como antes.

El coche eléctrico tiene sentido, pero no para todos

El eléctrico funciona especialmente bien cuando el usuario carga en casa, recorre distancias razonables, usa el coche a diario y puede aprovechar el bajo coste por kilómetro. También tiene mucho sentido en ciudad, reparto urbano, taxis, flotas de empresa y trayectos repetitivos.

Pero tiene más problemas cuando hablamos de conductores sin garaje, viajes largos frecuentes, zonas rurales, profesionales que no pueden perder tiempo cargando, precios de compra elevados o falta de infraestructura fiable.

Ahí es donde el discurso triunfalista se rompe. No porque el coche eléctrico sea malo, sino porque no todos los usuarios tienen la misma vida.

Y esa es probablemente la parte más razonable de la reflexión del técnico de la ITV: el eléctrico no va a ser una solución universal inmediata.

La frase polémica tiene una parte cierta y otra exagerada

Decir que “nos han engañado” es una forma muy contundente de plantearlo. Quizá demasiado. El coche eléctrico sí está creciendo, sí está desplazando ventas de combustión y sí va a ser una parte fundamental del futuro de la automoción.

Pero también es cierto que se ha vendido muchas veces una transición demasiado simple: como si todos fueran a cambiar su diésel por un eléctrico en pocos años, como si cargar fuera siempre fácil, como si los precios fueran asumibles para cualquiera y como si la infraestructura estuviera lista en todas partes.

La realidad es bastante más incómoda. El coche eléctrico será protagonista, pero no estará solo. El motor de combustión seguirá vivo durante muchos años en el parque usado, en determinados mercados y quizá también en versiones adaptadas a combustibles bajos en carbono.

El futuro no será una tecnología única

El gran error del debate está en tratarlo como una guerra religiosa: eléctrico contra gasolina. El futuro probablemente será más mezclado. El eléctrico dominará muchos usos. El híbrido seguirá siendo una solución de transición para millones de conductores. Los combustibles sintéticos y biocombustibles pueden tener sentido en nichos concretos. Y la combustión tradicional seguirá circulando durante décadas, aunque cada vez con más restricciones.

Por eso la reflexión del técnico de la ITV funciona: no porque tumbe al coche eléctrico, sino porque recuerda algo que a veces se olvida. La automoción no cambia solo por decreto, ni solo por tecnología, ni solo por marketing. Cambia cuando el producto encaja con la economía real de la gente.

Y ahí está el verdadero debate. El coche eléctrico no es mentira. Pero tampoco es, todavía, la respuesta perfecta para todos.