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¿Volverán los triángulos? La batalla política por la baliza V-16 ya ha llegado al Congreso

Baliza V-16

Cuatro meses después de entrar en vigor su obligatoriedad, la baliza V-16 conectada sigue lejos de haberse convertido en una norma pacífica. La medida arrancó el 1 de enero de 2026 y desde esa fecha la DGT la considera el único medio legal para señalizar un vehículo inmovilizado en la calzada, sustituyendo a los triángulos de emergencia para los vehículos españoles. La razón oficial sigue siendo la misma: evitar que el conductor tenga que bajarse del coche en una vía rápida para colocar una señal física.

Y ahí está el núcleo de la defensa de Pere Navarro y de la propia DGT. Tráfico sostiene que la V-16 permite señalizar sin salir del vehículo, enviar la ubicación del coche inmovilizado a la plataforma DGT 3.0 y reducir así una exposición al tráfico que ha sido letal demasiadas veces. En la nota oficial de noviembre de 2025, la DGT recordó que en España fallecen alrededor de 25 personas al año atropelladas en carretera después de haberse bajado del vehículo. En el debate político de 2026 esa defensa se ha reforzado con la cifra de 159 fallecidos entre 2018 y 2024, repetida por el Gobierno y citada en la discusión pública sobre la medida.

La postura oficial es clara: no hay fecha para que deje de ser obligatoria

A día de hoy, la posición de la DGT no deja demasiado espacio a la duda. En su web oficial insiste en que la V-16 conectada es obligatoria desde el 1 de enero de 2026 y que sustituye a los triángulos como sistema de preseñalización para vehículos inmovilizados en la calzada. No hay en la documentación oficial consultada ninguna referencia a una futura fecha en la que vuelva a ser opcional. Al contrario: el lenguaje institucional sigue hablando de ella como el sistema que ha venido a reemplazar definitivamente a los triángulos.

Además, la DGT defiende que la baliza solo transmite ubicación cuando se activa y que no permite seguir al conductor ni controlar su velocidad, uno de los argumentos con los que intenta desmontar parte de la desconfianza generada por la conectividad del dispositivo.

Pero el Congreso ha reabierto la pelea

El problema para Tráfico es que la discusión ya no está solo en la calle o en los foros de conductores. Está en el Congreso. En abril de 2026 se publicó una enmienda del Grupo Parlamentario Vox que plantea una reforma de calado: que la V-16 pueda utilizarse como alternativa a los triángulos, que estos no pierdan vigencia después del 1 de enero de 2026 y que no sea exigible la conectividad con los sistemas de la DGT ni la geolocalización del dispositivo. El texto propone incluso que los triángulos puedan seguir utilizándose sin limitación temporal.

Ese documento es importante porque convierte una protesta social y mediática en una iniciativa parlamentaria concreta. Ya no se trata solo de opiniones, sino de una propuesta formal para cambiar el modelo actual. Y no llega sola: en su justificación, la enmienda recoge expresamente que la AUGC se inclina por la complementariedad frente a la obligatoriedad, y cuestiona que España haya optado por imponer en solitario una solución que otros países europeos no exigen de la misma manera.

España va por libre y eso alimenta la controversia

La propia DGT reconoce en una de sus notas oficiales que España es el primer país en implantar la obligatoriedad de este dispositivo luminoso y conectado. En esa misma instrucción, Tráfico aclara que los vehículos matriculados en otros países que circulen en situación de circulación internacional por España pueden seguir cumpliendo la norma utilizando triángulos, mientras que un vehículo matriculado en España puede circular en el extranjero con la V-16 sin necesidad de llevar triángulos. Esa singularidad española es uno de los puntos que más ha alimentado el debate.

Es decir, la DGT ha blindado la V-16 como norma interna, pero al mismo tiempo ha tenido que asumir una cierta flexibilidad en el plano internacional porque la armonización europea no va por ese mismo camino. Y esa contradicción práctica ha dado munición a los críticos.

La DGT pide tiempo, pero no insinúa marcha atrás

Otro elemento que explica por qué el asunto sigue vivo es que todavía no existe una evaluación cerrada y pública sobre la eficacia de la V-16 tras su implantación obligatoria. La DGT ha defendido la medida por su lógica preventiva, pero en términos oficiales no ha planteado todavía un balance definitivo que permita decir si ha reducido de manera medible el número de atropellos relacionados con averías o inmovilizaciones. Lo que sí mantiene intacto es el discurso de que la dirección elegida es la correcta y de que no hay ningún anuncio de rectificación.

Por eso la respuesta real a la gran pregunta de muchos conductores es bastante simple: no, ahora mismo no hay fecha para que la baliza vuelva a ser opcional. Lo que hay es una ofensiva política para intentar cambiar esa situación, pero no una decisión de la DGT en ese sentido.

El fondo del asunto: seguridad frente a rechazo político y social

La batalla sobre la V-16 ya no va solo de un accesorio. Va de algo más amplio: hasta qué punto una medida presentada como avance de seguridad vial puede consolidarse si una parte del debate público la percibe como una obligación impuesta, singular en Europa y apoyada en una conectividad que genera recelos. La DGT insiste en que la baliza nace para evitar riesgos innecesarios, y sus notas oficiales subrayan que la activación es anónima y limitada al momento de la avería. Sus críticos, en cambio, están intentando reabrir la puerta a un sistema dual donde triángulos y baliza convivan.

De momento, lo único seguro es esto: la V-16 sigue siendo obligatoria, los triángulos no han recuperado su vigencia general para los vehículos españoles y la DGT no contempla hoy que su uso pase a ser opcional. Lo demás, por ahora, pertenece al terreno de la pelea parlamentaria y de la presión política.