Los chinos engañan a Tesla con su sistema de auto Pilot, poniendo un ventosa con la cara de una muñeca en el espejo retrovisor
Creíamos que la picaresca era española… hasta que llegaron los chinos
Siempre hemos presumido de que la picaresca era uno de nuestros mayores talentos. Desde el Lazarillo de Tormes hasta el que consigue aparcar donde parece imposible o el que encuentra el truco para ahorrarse unos euros en cualquier situación. Los españoles hemos hecho de la imaginación un auténtico arte. Pero parece que esta vez alguien nos ha quitado el título. Y han sido los chinos.
La historia es tan curiosa que parece inventada, pero es completamente real. Algunos propietarios de Tesla en China han encontrado una forma muy peculiar de engañar al sistema que vigila la atención del conductor cuando utiliza el FSD (Full Self-Driving), el sistema de conducción asistida más avanzado de la marca de Elon Musk.
Lo mejor de todo es que no han utilizado ordenadores, ni sofisticados programas informáticos, ni conocimientos de ingeniería. Su herramienta es mucho más sencilla: una cabeza de muñeca y una ventosa.
Sí, han leído bien.
Los Tesla equipados con FSD incorporan una cámara situada sobre el retrovisor interior que supervisa continuamente al conductor. Su misión es comprobar que la persona sigue mirando a la carretera y permanece atenta, porque aunque muchos crean lo contrario, el FSD no convierte al coche en un vehículo completamente autónomo. El conductor sigue siendo el máximo responsable y debe estar preparado para intervenir en cualquier momento.
Pues bien, algunos usuarios chinos descubrieron que colocando una cabeza de maniquí o de muñeca frente a esa cámara, fijándola con una simple ventosa, el sistema podía interpretar durante un tiempo que el conductor seguía mirando hacia delante. Mientras tanto, la persona podía apartar la vista o relajarse más de la cuenta.
La imagen resulta tan surrealista como divertida: un Tesla de última generación, cargado de cámaras, inteligencia artificial y millones de líneas de código… siendo engañado por una cabeza de plástico que probablemente costó menos de diez euros.
Esto demuestra una vez más que la imaginación humana no tiene límites. Mientras los ingenieros desarrollan sistemas cada vez más sofisticados, siempre aparece alguien dispuesto a encontrarles el punto débil con una solución tan sencilla como inesperada.
Eso sí, conviene aclarar una cosa importante. Este tipo de prácticas no son un juego. El sistema FSD está diseñado para ayudar al conductor, no para sustituirlo. Intentar engañar a la cámara supone reducir uno de los mecanismos de seguridad del vehículo y puede tener consecuencias muy serias si ocurre cualquier imprevisto en la carretera.
Tesla, como era de esperar, no ha permanecido de brazos cruzados. La compañía lleva años mejorando continuamente su sistema mediante actualizaciones de software que llegan directamente al coche. Cada vez que detecta una nueva forma de burlar los controles, modifica los algoritmos para hacerlos más eficaces. De hecho, las versiones más recientes analizan con mayor precisión el movimiento de los ojos, la orientación de la cabeza e incluso pequeños gestos naturales que una simple muñeca nunca podrá imitar, como el parpadeo o los movimientos involuntarios del rostro.
Esta especie de carrera entre quienes desarrollan la tecnología y quienes intentan engañarla no es nueva. Ha ocurrido siempre. Pasó con los radares de velocidad, con los teléfonos móviles, con Internet y ahora ocurre con los asistentes de conducción. Es una batalla constante entre la innovación y la picaresca.
Lo verdaderamente curioso de esta historia es que nos obliga a reconocer que ya no somos los únicos expertos en buscar atajos. Durante años pensamos que nadie podía superar la imaginación española cuando se trataba de encontrar el truco perfecto. Pero los chinos han demostrado que también juegan en esa liga… y lo hacen francamente bien.
Reconozco que la noticia me arrancó una sonrisa. No porque apruebe semejante ocurrencia, todo lo contrario. Me hizo gracia pensar que una de las tecnologías más avanzadas del mundo haya tenido que enfrentarse al enemigo más inesperado: una cabeza de muñeca pegada con una ventosa.
Quién nos iba a decir que, en plena era de la inteligencia artificial, uno de sus mayores rivales iba a ser un simple maniquí de plástico. A veces la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, pero la imaginación humana sigue corriendo un poco más deprisa.
LUIKE/ ELCIRCUITO
Toñejo Rodriguez