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La DGT despliega radares invisibles en Semana Santa: así funcionan y por qué están disparando las multas

Radar de la DGT

La Semana Santa vuelve a marcar uno de los momentos de mayor intensidad en las carreteras españolas. Millones de desplazamientos concentrados en pocos días obligan a extremar la vigilancia, y este año la DGT ha activado uno de sus dispositivos más sofisticados: los conocidos como radares invisibles, una tecnología cada vez más presente y también más controvertida.

Aunque el término pueda sonar futurista, estos dispositivos no son literalmente invisibles. La clave está en su tamaño ultracompacto, su facilidad para camuflarse y su capacidad para operar sin que el conductor los detecte a tiempo. Se trata principalmente de radares Velolaser, basados en tecnología láser, capaces de medir la velocidad con gran precisión incluso a distancias superiores al kilómetro.

El radar

Su diseño permite colocarlos en ubicaciones prácticamente imperceptibles: guardarraíles, señales, pequeños trípodes, barreras laterales o incluso integrados en vehículos camuflados de la Guardia Civil. A diferencia de los radares tradicionales, estos dispositivos destacan por su movilidad total, pudiendo cambiar de ubicación en cuestión de minutos. Esto dificulta su localización y hace que los avisos en navegadores o aplicaciones pierdan eficacia.

Además, cuentan con una alta capacidad de captura, registrando varios vehículos por segundo con imágenes en alta definición, lo que agiliza la tramitación de sanciones. Este tipo de tecnología resulta especialmente eficaz en tramos rectos, donde muchos conductores tienden a relajarse y superar los límites de velocidad.

El despliegue no se limita al asfalto. La DGT también refuerza el control desde el aire con los helicópteros Pegasus, capaces de detectar velocidades entre 80 y 350 km/h desde alturas de hasta 700 metros. Su alcance supera el kilómetro y, en la mayoría de los casos, su presencia pasa completamente desapercibida para los conductores.

A estos medios se suman cerca de 40 drones, más de la mitad con capacidad sancionadora. Aunque su autonomía es menor, su uso resulta clave en carreteras secundarias, puntos con alta siniestralidad o zonas de difícil acceso. Su tamaño y discreción los convierten en herramientas prácticamente indetectables.

La activación de estos radares coincide con un contexto de fuerte incremento en las multas por exceso de velocidad. Según datos de Automovilistas Europeos Asociados (AEA), en 2024 se registraron 3.440.655 denuncias, lo que supone un aumento del 4% respecto al año anterior.

Algunos radares destacan por su elevada actividad. El situado en el kilómetro 20 de la M-40 (Madrid) rozó las 75.000 sanciones, seguido por el del kilómetro 968 de la A-7 (Málaga) con más de 67.500 multas. Especialmente llamativo es el caso del radar del kilómetro 245 de la A-4 (Jaén), que pasó de apenas 2 denuncias en 2023 a más de 24.000 en 2024, un crecimiento que la AEA califica de “exponencial”.

Además, Andalucía lidera el número total de sanciones, superando las 950.000 denuncias. Un dato relevante es que un tercio de todas las multas en España se concentran en solo 50 radares, de los más de 1.300 distribuidos por la red viaria estatal.

Este escenario ha reabierto el debate sobre el papel de los radares. Desde la AEA se señala que esta concentración podría indicar un uso orientado más a la recaudación que a la seguridad vial. Sin embargo, la DGT mantiene que el objetivo principal es reducir la siniestralidad en uno de los periodos más críticos del año.

Con este despliegue reforzado, la Semana Santa 2026 arranca con un mensaje claro para los conductores: los controles serán más discretos, más móviles y más difíciles de anticipar que nunca. En este contexto, respetar los límites de velocidad no solo evita sanciones, sino que se convierte en la mejor garantía de seguridad en carretera.