La DGT dice que hay una velocidad en la que "ahorras" combustible... y es esta

El atasco de la DGT

Cada vez que el petróleo se tensa, el golpe acaba llegando a la misma ventanilla: la del surtidor. Y esa tensión ha vuelto. Reuters viene reflejando estos días un mercado energético muy nervioso por el conflicto en Oriente Medio y por el bloqueo en el estrecho de Ormuz, uno de los grandes puntos sensibles del suministro mundial. El resultado es un crudo encarecido, previsiones al alza y la sensación de que llenar el depósito va a seguir doliendo.

En ese contexto, la DGT vuelve a poner el foco en algo que depende directamente del conductor: cómo conduce. Porque cuando el combustible sube, la diferencia entre una conducción nerviosa y una conducción eficiente deja de ser teórica y se convierte en dinero real. La propia DGT insiste en que una velocidad adecuada y uniforme, evitando cambios bruscos de ritmo, reduce de forma considerable el consumo.

La velocidad importa más de lo que parece

Hay una idea que mucha gente sigue arrastrando y que no siempre es correcta: para gastar menos no hace falta ir desesperadamente lento, sino hacer que el coche trabaje en una zona eficiente y sin esfuerzo inútil. En material divulgativo de la revista de la DGT, se explica que los fabricantes calculan el menor consumo en torno a los 90 km/h y que, en cambio, a 120 km/h el gasto puede aumentar alrededor de un 30%.

La explicación es bastante simple. A partir de cierta velocidad, el enemigo ya no es solo el peso del coche o la pendiente, sino el aire. La resistencia aerodinámica crece con rapidez y obliga al motor a gastar mucha más energía para sostener el mismo avance. Por eso subir de ritmo en autopista parece un cambio pequeño en el velocímetro, pero muchas veces se traduce en una diferencia muy seria en el depósito. Esa misma lógica está detrás de la recomendación general de la DGT de evitar la velocidad alta y mantener una marcha uniforme.

Por qué 90 km/h sigue siendo la referencia más sensata

En carretera convencional, los 90 km/h siguen apareciendo como una cifra muy razonable para quien quiere equilibrar tiempo, seguridad y consumo. No porque sea una especie de número mágico universal para todos los coches, sino porque en esa franja muchos motores trabajan de manera más desahogada y con menos castigo aerodinámico que a ritmos más altos. La propia DGT mantiene el límite genérico de 90 km/h en este tipo de vías, y sus materiales de conducción eficiente siguen vinculando las velocidades moderadas con un menor gasto.

Eso sí, conviene entender bien el matiz: no se trata de ir lento por ir lento. Si circulas demasiado despacio en una marcha corta, también puedes empeorar el consumo porque el motor irá más revolucionado de la cuenta. El objetivo real es otro: mantener una velocidad estable y una relación larga sin sacar al motor de su zona lógica de funcionamiento. La DGT recomienda precisamente utilizar las marchas largas siempre que sea posible y evitar acelerones o frenazos innecesarios.

La conducción eficiente no va de sufrir: va de no tirar combustible

La DGT lleva años insistiendo en un mensaje que sigue siendo muy actual: lo caro no es tardar un poco más, sino conducir de forma brusca. En su página de conducción eficiente, explica que una velocidad adecuada y uniforme reduce de forma notable el consumo y que, por ejemplo, en un recorrido urbano de 10 kilómetros, ahorrar apenas tres minutos puede costar más de un 50% extra de carburante.

Eso desmonta bastante bien una obsesión muy española al volante: la de pensar que llegar antes siempre compensa. Muchas veces no compensa ni económicamente ni en seguridad. Y, con el crudo tensionado como ahora, cada acelerón innecesario pesa todavía más.

Los neumáticos también deciden cuánto gastas

Hay otro punto que la DGT subraya con bastante claridad y que muchos conductores siguen descuidando: la presión de los neumáticos. En un artículo de su revista oficial, Tráfico recuerda que circular con una presión 0,5 bares inferior a la recomendada por el fabricante puede aumentar el consumo en torno a un 2% en ciudad y hasta un 4% en carretera.

Parece poca cosa, pero no lo es. Porque un neumático mal inflado no solo gasta más combustible. También empeora el comportamiento del coche, castiga más la goma y obliga al vehículo a avanzar con más resistencia. En otras palabras: puedes estar intentando ahorrar con tu estilo de conducción y, al mismo tiempo, perder ese esfuerzo por no haber revisado algo tan básico como las ruedas.

El error de siempre: pensar que el motor consume más por ir “demasiado largo”

Otra de las confusiones típicas aparece con las marchas. Hay quien sigue creyendo que ir en una relación larga a velocidad moderada “fuerza” el motor y dispara el consumo. La realidad es más matizada. La DGT insiste en que usar marchas largas, con el motor dentro de su rango normal, ayuda a gastar menos. El problema llega cuando llevas el motor ahogado o, al contrario, cuando lo subes de vueltas sin necesidad.

Por eso la clave no es una cifra rígida, sino un criterio bastante simple: que el coche avance con soltura, sin tirones y sin ir revolucionado de más. Ahí es donde normalmente aparece la eficiencia de verdad.

Cuando el petróleo sube, el pie derecho vale dinero

El mercado del crudo está muy sensible. Reuters ha recogido cómo el conflicto con Irán y la situación en Ormuz han llevado a varios analistas y bancos a revisar al alza sus previsiones de precio del Brent para 2026, al asumir que la disrupción del suministro puede durar más de lo esperado.

Eso significa algo muy concreto para el conductor español: el margen para despilfarrar combustible se reduce todavía más. Y ahí la buena noticia es que parte del ahorro no depende del mercado, ni del Gobierno, ni del surtidor. Depende del conductor.

Conducir a una velocidad razonable, mantener un ritmo uniforme, aprovechar inercias y llevar las ruedas en su presión correcta no convierte el combustible en barato, pero sí evita tirar mucho dinero sin darte cuenta. Y con el petróleo así, eso ya no es un consejo menor: es casi una forma de defensa.