La DGT pierde el norte y empieza a multar a peatones por usar el móvil en un paso de cebra
La escena es tan cotidiana que pasa desapercibida. Un peatón llega al paso de cebra, mira el móvil, responde un mensaje y cruza casi de forma automática. No levanta la vista, no comprueba el tráfico, no percibe lo que ocurre a su alrededor. Durante años, ese gesto ha formado parte del paisaje urbano sin mayor consecuencia. Pero ahora, eso está empezando a cambiar.
La Dirección General de Tráfico ha decidido poner el foco en un comportamiento que hasta hace poco se toleraba: cruzar la calle distraído por el teléfono. No se trata de una nueva ley, sino de una aplicación más estricta de las normas existentes. Y el mensaje es claro: la distracción del peatón también cuenta, y puede ser sancionada.
En algunas ciudades, los agentes ya están multando a quienes cruzan mirando el móvil, incluso cuando lo hacen correctamente por un paso de cebra. La infracción es leve, pero suficiente para imponer una sanción de hasta 80 euros. No hay retirada de puntos, pero sí una advertencia contundente: la seguridad vial ya no es solo cosa de conductores.
Detrás de esta medida hay una realidad que preocupa. Una parte importante de los accidentes graves en ciudad son atropellos, y muchos de ellos tienen un denominador común: la falta de atención. El peatón distraído pierde visión periférica, reduce su capacidad de reacción y se desconecta del entorno. En ese momento, deja de anticipar riesgos. Y en la vía pública, eso puede ser determinante.
Algunos ayuntamientos han empezado a actuar con campañas específicas. Se han colocado señales que advierten del peligro de usar el móvil al cruzar, buscando algo más que sancionar: cambiar hábitos. Porque el problema no es puntual, es estructural. El móvil se ha integrado en todos los momentos del día, incluso en aquellos donde la atención debería ser máxima.
Este cambio introduce también un matiz incómodo en el debate. Durante años, la responsabilidad en caso de atropello se ha centrado, con razón, en el conductor. Pero ahora se empieza a hablar de una responsabilidad compartida. El peatón sigue siendo el usuario más vulnerable, pero ya no es ajeno a las normas ni a las consecuencias de ignorarlas.
No todos están de acuerdo con este enfoque. Hay quienes consideran que poner el foco en el peatón puede interpretarse como un desplazamiento de la culpa. Pero desde la DGT insisten en que no se trata de eso, sino de reducir riesgos en un contexto donde la distracción tecnológica se ha convertido en un factor clave.
La calle ya no es solo un espacio físico, también es un espacio de atención. Y en ese entorno, mirar el móvil puede parecer inofensivo, pero no lo es. La diferencia entre cruzar con la mirada en la pantalla o en la carretera puede ser cuestión de segundos. Y a veces, esos segundos marcan todo.
La conclusión no se anuncia en forma de norma, sino en forma de cambio de comportamiento. Porque lo que está en juego no es una multa. Es la forma en la que nos movemos por la ciudad.