DGT

Si escuchas a un guardia civil decir que viene la "abeja", te van a multar

Pegasus de la DGT

La Guardia Civil de Tráfico y la DGT no solo tienen ojos en carretera. También los tienen en el cielo. Desde hace años, los helicópteros equipados con el sistema Pegasus se han convertido en uno de los medios de vigilancia más temidos por los conductores, capaces de detectar excesos de velocidad, uso del móvil, maniobras peligrosas o infracciones que desde tierra pueden pasar desapercibidas.

Sin embargo, aunque para la mayoría de ciudadanos estos helicópteros son simplemente los Pegasus, dentro de la Unidad de Medios Aéreos de la DGT reciben otro nombre: “Abejas”. El apodo tiene que ver con los colores de las aeronaves, con sus características franjas amarillas. Es el distintivo de radio que utilizan, del mismo modo que otros cuerpos emplean nombres como “Cuco” o “Ángel” para sus aeronaves.

La diferencia es importante. Pegasus no es exactamente el helicóptero, sino el sistema de captación de imágenes y radar instalado en la aeronave. La “Abeja” es el helicóptero. Pegasus, sus ojos tecnológicos.

Cómo funciona Pegasus desde el aire

Estos helicópteros incorporan un avanzado sistema de vigilancia con radar y cámara giroestabilizada. El equipo cuenta con dos cámaras: una ofrece una imagen más general de la vía y otra permite obtener el detalle necesario para identificar una infracción.

Gracias a estas herramientas, las imágenes pueden enviarse de forma continua al Centro de Gestión de Tráfico, donde se analiza la situación de las carreteras, la densidad de circulación o la existencia de incidencias. Pero el sistema también permite captar conductas sancionables.

Las aeronaves suelen volar a unos 1.000 pies de altura, algo más de 300 metros, siempre con dos personas a bordo: un piloto y un operador de cámara. Este último es quien maneja el sistema de vigilancia, sigue vehículos concretos y obtiene las imágenes necesarias cuando se detecta una conducta sospechosa.

No solo buscan a quien corre demasiado

La imagen más extendida de Pegasus es la de un radar aéreo que multa por velocidad. Y sí, los excesos de velocidad están entre las infracciones más frecuentes. Pero su trabajo va mucho más allá.

Los operadores explican que, desde el aire, también se detectan comportamientos llamativos por otros motivos. Un coche que circula demasiado rápido puede estar cometiendo una infracción evidente. Pero un vehículo que va anormalmente lento también puede llamar la atención.

En muchos casos, esa lentitud se debe a que el conductor está haciendo otra cosa dentro del habitáculo: consultando el móvil, manipulando papeles, comiendo, distrayéndose o circulando sin mantener correctamente las manos sobre el volante. Desde el aire, la cámara puede acercarse lo suficiente para comprobar qué está ocurriendo.

El cinemómetro realiza varias mediciones y ofrece una media de velocidad. A partir de ahí, si el comportamiento resulta sospechoso, el operador enfoca el vehículo y analiza la conducta del conductor.

Las infracciones más frecuentes

Según los datos difundidos por la DGT, las infracciones más habituales detectadas desde estos helicópteros son los excesos de velocidad, no respetar señales de Stop o Ceda el Paso, realizar cambios de sentido irregulares, no guardar la distancia de seguridad y usar manualmente el teléfono móvil al volante.

Son infracciones muy diferentes entre sí, pero todas tienen algo en común: elevan el riesgo de accidente. La velocidad reduce el margen de reacción. Saltarse un stop puede provocar una colisión lateral grave. Un cambio de sentido irregular puede sorprender al resto de conductores. La falta de distancia de seguridad dispara los alcances. Y el móvil sigue siendo una de las distracciones más peligrosas.

La ventaja del helicóptero está precisamente en su perspectiva. Desde arriba puede ver patrones de conducción que no siempre se aprecian desde un coche patrulla situado en la vía.

Dónde multan más las “Abejas”

La actividad sancionadora se concentra especialmente en vías de alta capacidad, aunque la vigilancia aérea también alcanza carreteras convencionales. Las autovías y autopistas concentran buena parte de las propuestas de sanción, mientras que las carreteras convencionales siguen siendo un punto clave por su siniestralidad y por la presencia de usuarios vulnerables.

Entre las vías más vigiladas y sancionadas aparecen la A-7 y la AP-7, especialmente en zonas donde operan las patrullas de Málaga y Valencia. La patrulla de Madrid destaca como la que más propuestas de sanción tramita, con unas 4.000 al año, una cifra muy superior a la de otras bases.

La DGT dispone de varias patrullas repartidas por el territorio para cubrir la red viaria de su competencia. Su utilidad no se limita a poner multas: también sirven para controlar operaciones especiales, accidentes, retenciones, eventos deportivos, desplazamientos masivos o situaciones de emergencia.

Coches y motos, los más sancionados

Por tipo de vehículo, la gran mayoría de sanciones corresponden a vehículos ligeros, principalmente coches y motos. Las furgonetas aparecen a continuación y los camiones representan una parte mucho menor del total.

Esto no significa necesariamente que unos conductores sean peores que otros, sino que el volumen de coches y motos en circulación es mucho mayor. También influye el tipo de maniobra que se vigila desde el aire: velocidad, distancia de seguridad, uso del móvil o cambios de sentido suelen detectarse con más frecuencia en vehículos ligeros.

Los periodos con más actividad sancionadora se concentran en los primeros meses del año, especialmente febrero, marzo y abril, y los viernes aparecen como uno de los días con más expedientes tramitados. No es casualidad: los viernes concentran más desplazamientos, más prisas y más tráfico de salida o retorno en muchas zonas.

La DGT insiste en el efecto disuasorio

Aunque Pegasus se asocia casi siempre con multas, la DGT insiste en que su presencia tiene un fuerte efecto disuasorio. De hecho, en algunos tramos se informa a los conductores de que existe vigilancia aérea. La idea es que, al saber que pueden estar siendo observados desde arriba, reduzcan la velocidad, mantengan la distancia y eviten distracciones.

El objetivo declarado no es solo “pillar” infracciones, sino reducir comportamientos peligrosos antes de que acaben en accidente. Si un conductor levanta el pie del acelerador al ver el aviso de vigilancia aérea, la misión ya ha cumplido parte de su función.

Esa es la gran diferencia entre el radar oculto y el control visible: uno sanciona después de la infracción; el otro también puede evitar que se produzca.

Un radar con aspas que ve lo que otros no ven

Los helicópteros Pegasus se han ganado fama de implacables porque pueden vigilar desde una posición privilegiada. A más de 300 metros de altura, el conductor apenas los percibe, pero sus cámaras pueden seguir un vehículo, comprobar su velocidad y captar maniobras que desde tierra resultarían difíciles de documentar.

Por eso son tan temidos. No solo miden la velocidad. También observan cómo se conduce. Si el conductor usa el móvil, no respeta una señal, invade carriles, zigzaguea, mantiene poca distancia o realiza una maniobra peligrosa, la “Abeja” puede detectarlo desde el cielo.

La carretera ya no se vigila solo desde arcenes, pórticos o coches camuflados. También desde arriba. Y ese es el mensaje que muchos conductores olvidan hasta que la multa llega a casa: la DGT tiene ojos en el asfalto, pero también en el aire.