España no puede seguir abandonando a quienes la defienden
Señor presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Señor ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska:
Hay momentos en los que un país se define. Momentos en los que se demuestra si quienes gobiernan están realmente a la altura de la nación que representan o si simplemente ocupan un cargo vacío de alma, de dignidad y de compromiso.
Hoy era uno de esos días.
Hoy no hacía falta un discurso.
No hacía falta propaganda.
No hacía falta una rueda de prensa ni una estrategia política.
Hoy solo hacía falta humanidad.
Hoy solo hacía falta estar.
Estar junto a las familias rotas de los guardias civiles asesinados. Estar junto a los compañeros que han tenido que despedir a hombres con los que compartían patrullas, noches, miedo, sacrificio y vida. Estar junto a un cuerpo que lleva décadas dando lo mejor de sí mismo por España mientras demasiadas veces recibe lo mínimo a cambio.
Y ustedes no han estado.
No han estado porque probablemente saben que serían abucheados. Porque saben que hay miles de españoles indignados. Porque saben que la gente ya no soporta más discursos vacíos mientras quienes protegen este país siguen trabajando con medios insuficientes frente a criminales cada vez más violentos, más organizados y más poderosos.
Pero precisamente de eso se trata el liderazgo.
De dar la cara.
De soportar las críticas.
De tener la valentía que sí tienen nuestros guardias civiles, nuestros policías y nuestros militares.
Porque ellos no se esconden.
Ellos sí acuden cuando hay peligro.
Ellos sí aparecen cuando nadie quiere estar allí.
Ellos sí salen de casa sin saber si volverán con vida.
Y demasiadas veces vuelven dentro de un ataúd.
Lo ocurrido en Barbate fue una humillación insoportable para España. Ver cómo una narcolancha pasaba literalmente por encima de una pequeña embarcación de la Guardia Civil hasta asesinar a David Pérez Carracedo y Miguel Ángel González Gómez no fue solo una tragedia: fue la imagen brutal de un Estado que ha permitido durante años que el narcotráfico gane terreno mientras quienes lo combaten denuncian abandono, precariedad y falta de medios.
Los narcotraficantes tienen embarcaciones más rápidas.
Más potencia.
Más recursos.
Más impunidad.
Y mientras tanto, los hombres y mujeres que defienden nuestras costas tienen que trabajar muchas veces con embarcaciones insuficientes, material antiguo y una sensación permanente de estar solos.
¿De verdad esto es aceptable en un país como España?
¿Cómo hemos llegado al punto en el que quienes arriesgan la vida para frenar la droga, la violencia y el crimen organizado sienten que tienen menos apoyo que aquellos a quienes persiguen?
Porque no hablamos de funcionarios cualquiera.
Hablamos de personas extraordinarias.
Hace tiempo visité el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo para ver a Farru, un guardia civil del GAR al que un criminal destrozó la vida mientras cumplía con su deber. Un hombre extraordinario. Un servidor público de los que sostienen este país desde el silencio, la disciplina y el sacrificio. Allí, hablando con él y con dos compañeros suyos durante el viaje de vuelta a Madrid, entendí todavía más profundamente lo que representa la Guardia Civil.
Compañerismo.
Honor.
Entrega.
Lealtad.
Amor por España.
No hablan desde el odio.
No trabajan por ideología.
No arriesgan la vida por titulares.
Lo hacen porque creen en algo más grande que ellos mismos.
Y precisamente por eso resulta tan insoportable la indiferencia política.
Porque mientras algunos discuten de relato, de estrategia o de cálculo electoral, hay familias enterrando hijos, padres, maridos y hermanos.
Y después llega lo peor: el olvido.
Tres días de titulares.
Un minuto de silencio.
Unas cuantas palabras institucionales.
Y el país continúa como si nada hubiera pasado.
Pero las familias no continúan igual.
Los hijos no vuelven a abrazar a sus padres.
Las viudas no vuelven a dormir tranquilas.
Los compañeros no vuelven a entrar en el coche patrulla sin notar el vacío.
Eso no desaparece nunca.
Y aun así, pese al dolor, pese al abandono y pese a la impotencia, la Guardia Civil sigue levantándose cada mañana para protegernos.
Por eso millones de españoles sienten admiración por este cuerpo. Porque independientemente de multas, errores o diferencias, la inmensa mayoría sabe perfectamente quién está siempre cuando las cosas se complican.
La Guardia Civil es una de las instituciones más queridas, más respetadas y más dignas de España.
Y ustedes deberían haber estado allí.
Porque no acudir al funeral de hombres asesinados por defender este país no es solo una ausencia política. Es una ausencia moral.
Esto no va de derechas ni de izquierdas.
Va de humanidad.
Va de respeto.
Va de honor.
Va de entender que quienes dan la vida por España merecen mucho más de lo que reciben.
Merecen mejores medios.
Mejores recursos.
Más protección.
Más respaldo institucional.
Más reconocimiento real y menos discursos vacíos.
España no puede seguir permitiendo que quienes luchan contra el narcotráfico se sientan abandonados mientras las mafias actúan con una impunidad obscena.
Y España tampoco puede seguir tolerando dirigentes incapaces de comprender la dimensión humana de estas tragedias.
No representan el sentimiento de millones de españoles que aman, respetan y admiran profundamente a la Guardia Civil, a la Policía Nacional y a nuestras Fuerzas Armadas.
Porque España no se construye desde los despachos.
España se sostiene gracias a hombres y mujeres que se ponen un uniforme y están dispuestos a perderlo todo por los demás.
David Pérez Carracedo.
Miguel Ángel González Gómez.
Dos nombres que jamás deberían olvidarse.
Dos hombres asesinados por cumplir con su deber.
Dos españoles que merecían un país mucho más agradecido y mucho más digno que el que hoy les ha fallado.
Y aunque algunos crean que el poder les protege de todo, el tiempo termina colocando a cada uno en su lugar. El tiempo juzga las decisiones, las ausencias y la indiferencia. El tiempo se encarga de recordar quién estuvo al lado de los que dieron la vida por España y quién decidió mirar hacia otro lado.
La historia siempre acaba hablando.
Y España jamás debería olvidar a quienes murieron defendiéndola.
¡Hoy y siempre, viva la Guardia Civil!
LUIKE/ EL MOTERO
Toñejo Rodriguez