Estados Unidos: 250 años de independencia: un sueño que también terminó siendo el mío

4th-of-July

Hay países que se visitan, países en los que se trabaja y países que, sin darte cuenta, terminan formando parte de tu vida. Para mí, Estados Unidos pertenece a este último grupo.
Hoy, 4 de julio, Estados Unidos celebra el 250.º aniversario de su independencia. Dos siglos y medio desde que nació una nación que ha inspirado al mundo con su capacidad de superación, su espíritu emprendedor, su amor por la libertad y su permanente afán por ir siempre un paso más allá.
Yo no nací aquí. Dentro de mis venas corre sangre española y siempre me sentiré profundamente orgulloso de mis raíces. España es mi tierra, mi infancia, mi familia y mi manera de entender la vida. Pero también hay otra verdad que nunca he querido esconder: quiero profundamente a Estados Unidos.
Desde que era un niño soñaba con este país.
Mientras otros simplemente veían una película, yo me quedaba fascinado contemplando aquellas enormes pickups americanas, aquellos V8 que hacían temblar el suelo, los muscle cars, las inmensas autopistas, las motos recorriendo kilómetros de libertad y ese espíritu de aventura que parecía no tener límites. Para mí, América era sinónimo de motores, de libertad y de sueños.
Con el paso de los años descubrí que detrás de aquellas imágenes había mucho más.
Descubrí un país inmenso, construido por generaciones de personas que hicieron del trabajo, el esfuerzo y la ilusión una forma de vida. Un país que fue el primero en llevar al ser humano a la Luna, que ha impulsado algunos de los mayores avances tecnológicos de la historia moderna y que, cuando Europa atravesó algunos de los momentos más difíciles de su historia, tendió la mano. Esa también es una parte de su legado.
Pero, en realidad, mi historia con Estados Unidos comenzó incluso antes de dedicarme profesionalmente a contar este país.
Llegué por primera vez como piloto de motos de agua para disputar una prueba del Campeonato del Mundo en Lake Havasu, Arizona. Aún recuerdo perfectamente aquel día. Estábamos todos los pilotos haciendo cola para verificar la inscripción, presentar la documentación y recoger la acreditación.
Cuando llegó mi turno, ocurrió algo que jamás olvidaré.
Nadie me miró de arriba abajo por estar en una silla de ruedas.
Nadie sintió lástima.
Nadie me trató de forma diferente.
Me miraron exactamente igual que al resto.
Me miraron como a un piloto.
Y, por primera vez desde mi accidente, sentí que eso era precisamente lo que era. No el piloto en silla de ruedas. No la persona con una lesión medular. Simplemente, un piloto más.
Aquel instante duró apenas unos segundos, pero dejó una huella para toda la vida. Comprendí que el respeto no siempre necesita palabras. A veces basta con la naturalidad con la que te tratan los demás.
Quizá fue en ese momento cuando empezó, sin que yo lo supiera, mi historia de amor con Estados Unidos.
Años más tarde, esa relación se hizo todavía más profunda gracias a una oportunidad extraordinaria que me brindó el Grupo LUIKE, auténtico pionero del periodismo del motor en España y creador del grupo editorial más importante que ha tenido nuestro país en este sector. De su mano llegué a Estados Unidos para contar este inmenso país a los lectores españoles.Después se hizo más grande el equipo como: Chasis cero, El motero, El circuito. 
Nunca imaginé que aquel viaje profesional acabaría convirtiéndose también en un viaje personal. Con el paso de los años, Estados Unidos dejó de ser únicamente el lugar desde el que escribía mis reportajes para convertirse en una parte muy importante de mi vida y de mi corazón.
Pero hay algo que me ha permitido conocer de verdad Estados Unidos, y no ha sido desde la ventanilla de un avión.
Ha sido desde el volante de un coche.
Todos los grandes viajes que he realizado por este país los he hecho conduciendo. He recorrido Estados Unidos de sur a norte y de este a oeste. He cruzado desiertos infinitos, montañas espectaculares, bosques interminables, carreteras que parecen no acabar nunca y ciudades que cambian por completo de un estado a otro. He visto amaneceres inolvidables y atardeceres que ningún fotógrafo consigue reflejar con la misma emoción con la que se viven.
He recorrido cientos de miles de kilómetros por las carreteras de este país. Desde el calor de Florida hasta las montañas de Colorado; desde las playas del Atlántico hasta las costas del Pacífico. Cada viaje me ha enseñado que Estados Unidos no se entiende mirando un mapa; se entiende recorriéndolo. Se entiende hablando con su gente, descubriendo sus pequeños pueblos, admirando la inmensidad de sus paisajes y sintiendo esa libertad que aparece cuando el horizonte parece no tener fin.
Porque cuando conduces miles de kilómetros por Estados Unidos no solo descubres paisajes. Descubres historias. Descubres personas. Y, sin darte cuenta, acabas descubriendo también una parte de ti mismo.
He tenido el privilegio de conocer este país desde dentro, de vivir sus competiciones, de escribir sobre su extraordinaria industria del automóvil y de la motocicleta y de compartir camino con personas maravillosas que han enriquecido mi vida mucho más de lo que ellas imaginan.
Podría dar muchos nombres de quienes me han ayudado durante todos estos años, pero sería injusto olvidar a alguno. Ellos saben perfectamente quiénes son. A todos les debo una parte de este camino y les estaré siempre agradecido.
Gracias.
Simplemente, gracias.
Gracias por abrirme las puertas de vuestro país.
Gracias por haberme enseñado que la libertad también se puede sentir recorriendo una carretera infinita.
Gracias por haberme permitido conocer personas extraordinarias.
Gracias por hacerme sentir siempre respetado.
Gracias por haber hecho realidad muchos de los sueños de aquel niño español que se emocionaba viendo una pickup americana, escuchando el sonido de un V8 o imaginando cómo sería conducir por esas carreteras interminables que parecían no acabar nunca.
Hoy, en este 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, quiero felicitar a este gran país no solo por su extraordinaria historia, sino también por su gente. Porque un país no se hace únicamente con grandes ciudades, impresionantes rascacielos o avances tecnológicos. Un país se construye cada día con millones de personas que trabajan, ayudan, innovan, crean y nunca dejan de mirar hacia delante.
Yo seguiré recorriendo sus carreteras mientras tenga fuerzas para sujetar un volante. Porque pocas maneras existen de conocer un país tan profundamente como haciéndolo kilómetro a kilómetro.
Feliz 250.º aniversario de la independencia, Estados Unidos.
Gracias por dejarme formar parte de esta gran aventura.
Y gracias porque, aunque nací orgullosamente español y siempre lo seré, una parte de mi corazón hace muchos años encontró también un hogar al otro lado del Atlántico.
¡Lo mejor que hacen los malos es hacernos dudar de los buenos!

Happy 250th Independence Day, America.

LUIKE/El CIRCUITO 
Toñejo Rodriguez