El Gobierno hunde el diésel a base de impuestos y restricciones

Gasolina y diesel

El coche diésel está viviendo su caída más dura en España. La tecnología que durante años dominó los concesionarios, las carreteras y las decisiones de compra de miles de familias ha pasado de ser la opción lógica para ahorrar combustible a convertirse en una alternativa residual, cada vez más arrinconada por los fabricantes, por el precio del carburante y por las restricciones urbanas.

El último dato de mercado deja poco margen para la duda: en abril de 2026, los diésel representaron apenas el 3,7% de las ventas de turismos nuevos en España, según la información publicada sobre las matriculaciones del mes. Mientras tanto, el mercado general sí creció: ANFAC registró 106.862 turismos matriculados en abril, un 8,4% más que en el mismo mes del año anterior.

La paradoja es clara. Se venden más coches, pero casi nadie quiere ya un diésel nuevo.

Del dominio absoluto al desplome

Durante años, el diésel fue sinónimo de compra inteligente. Consumía menos, permitía hacer muchos kilómetros con un coste ajustado y tenía una presencia enorme en segmentos compactos, familiares, berlinas, SUV y vehículos profesionales.

Ese mundo ha cambiado por completo. Tras el máximo histórico de 2010, cuando el diésel llegó a rozar el 70% de las matriculaciones, su cuota ha ido cayendo hasta convertirse en una tecnología casi marginal en los concesionarios.

El golpe no llega solo por un factor. Es la suma de varios: menos oferta, más presión regulatoria, combustible caro, incertidumbre normativa y un mercado que ha abrazado con fuerza el híbrido convencional.

El híbrido se queda con el espacio del diésel

El gran ganador de esta transformación no ha sido únicamente el eléctrico puro. Ha sido, sobre todo, el híbrido sin enchufe.

ANFAC señala que las tecnologías alternativas —electrificados, híbridos y gas— alcanzaron en abril el 72,31% de las matriculaciones de turismos, y que los híbridos no enchufables fueron la tecnología más elegida, con el 47% de las ventas. Además, los turismos electrificados —eléctricos puros e híbridos enchufables— llegaron al 21,3% del mercado en abril.

La lectura comercial es evidente: el comprador que antes buscaba un diésel para ahorrar ahora se va, en muchos casos, a un híbrido ECO. No necesita enchufe, consume poco en ciudad, tiene etiqueta favorable y evita parte de la incertidumbre que pesa sobre los motores tradicionales.

El combustible ya no juega a favor

Otra de las antiguas ventajas del diésel también se ha desvanecido: el precio del carburante.

Durante años, el gasóleo era claramente más barato que la gasolina. Eso permitía compensar el mayor precio inicial del coche diésel a base de kilómetros. Pero ahora esa cuenta ya no sale igual.

El 11 de mayo de 2026, el gasóleo A se situaba en 1,708 euros por litro, frente a los 1,547 euros por litro de la gasolina 95, según datos recogidos a partir del Geoportal del Ministerio para la Transición Ecológica. Llenar un depósito de 55 litros costaba 93,94 euros con diésel y 85,09 euros con gasolina 95.

Con esa diferencia, el diésel pierde buena parte de su argumento histórico. Si además el coche es más caro, tiene menos oferta y puede sufrir más restricciones, muchos compradores directamente lo descartan.

Los fabricantes también se han bajado del diésel

La oferta disponible es cada vez menor. Muchas marcas han retirado motores diésel de sus modelos pequeños y compactos, y los mantienen solo en vehículos grandes, SUV premium, comerciales, berlinas de representación o versiones pensadas para grandes kilometrajes.

La razón es sencilla: si se venden pocos, no compensa desarrollar, homologar y mantener una gama amplia. Además, los fabricantes necesitan reducir emisiones medias y empujar tecnologías electrificadas para cumplir objetivos regulatorios.

El diésel queda así atrapado en un círculo complicado: se vende menos porque hay menos oferta, y hay menos oferta porque se vende menos.

El gran problema: millones de diésel antiguos

El desplome comercial afecta al coche nuevo, pero el verdadero conflicto está en el parque existente. España sigue teniendo millones de vehículos diésel circulando, muchos de ellos con más de 10 años.

Ese parque antiguo es el que más expuesto queda al endurecimiento de las Zonas de Bajas Emisiones. Muchos de esos coches tienen etiqueta B de la DGT o directamente carecen de distintivo ambiental, lo que los convierte en los primeros candidatos a sufrir limitaciones de acceso, circulación o estacionamiento.

El problema no es menor. En España hay una gran cantidad de conductores que dependen de coches diésel veteranos para trabajar, desplazarse desde municipios periféricos o asumir recorridos diarios largos. Para ellos, cambiar de coche no siempre es una elección sencilla: es una cuestión económica.

Barcelona marca el camino más duro

El caso más contundente llega desde el área metropolitana de Barcelona. El Consejo del AMB ha aprobado inicialmente el Plan Metropolitano de Movilidad Urbana 2025-2030, que contempla prohibir la circulación de coches y motos con etiqueta B en la ZBE en 2028. El resto de vehículos de combustión también se irían restringiendo progresivamente hasta 2030, aunque la aplicación final dependerá de que los ayuntamientos modifiquen sus ordenanzas.

La medida, de aplicarse, afectaría a una parte muy importante del parque metropolitano. Según la información publicada, el veto a la etiqueta amarilla podría alcanzar entre el 20% y el 30% de los vehículos del área.

Ese calendario convierte a la etiqueta B en el nuevo punto de conflicto. Lo que hasta hace poco permitía circular con ciertas limitaciones empieza a verse como una categoría en retirada.

¿Tiene sentido comprar hoy un diésel nuevo?

La pregunta es incómoda porque, técnicamente, el diésel sigue teniendo sentido en algunos usos. Para quien hace muchos kilómetros por autopista, viaja con frecuencia, necesita autonomía alta y circula poco por ciudad, un buen diésel moderno puede seguir siendo eficiente.

Pero la compra de un coche no depende solo del consumo. Depende también de la reventa, la normativa futura, la oferta disponible, el precio del combustible y el miedo a que dentro de pocos años ese vehículo tenga más dificultades para entrar en determinadas ciudades.

Por eso, aunque el diésel aún puede ser una buena herramienta para un perfil muy concreto, su compra se ha vuelto mucho menos atractiva para el consumidor medio.

El diésel no desaparece mañana, pero su época ya terminó

El diésel seguirá circulando muchos años en España. Sería imposible borrar de golpe millones de coches del parque móvil. También seguirá siendo relevante en vehículos comerciales, transporte, grandes kilometrajes y ciertos modelos de gama alta.

Pero como tecnología de masas en turismos nuevos, su etapa parece acabada. El mercado ya ha dictado sentencia: menos del 4% de cuota, híbridos dominando las ventas, combustible más caro que la gasolina y ciudades preparando nuevas restricciones.

El diésel no ha muerto todavía. Pero ha dejado de ser el coche lógico para la mayoría. Y eso, para una tecnología que llegó a dominar casi todo el mercado español, es un cambio histórico.