GUARDIA CIVIL

La Guardia Civil empieza a hacer controles en los que te mira el depósito de combustible

Guardia Civil

La imagen puede sorprender a muchos conductores: un control en carretera, los agentes dando el alto a varios vehículos y, en lugar de limitarse a revisar documentación, alcohol, drogas o ITV, comprobando directamente el combustible del depósito. Pero eso es exactamente lo que ya se ha visto en la provincia de Guadalajara, donde la Guardia Civil y la Agencia Tributaria han realizado actuaciones contra el uso fraudulento de gasóleo bonificado.

El objetivo es claro: detectar a conductores que utilizan gasóleo B en vehículos que no tienen autorización para ello. Este carburante está sujeto a un tipo reducido y se reserva para determinados usos, especialmente agrícolas o sectores autorizados. El problema aparece cuando se reposta en turismos, camiones o vehículos que no cumplen las condiciones legales, aprovechando su menor precio.

El fraude detectado en Guadalajara

La actuación oficial se saldó con la inspección de una estación de servicio que presuntamente habría suministrado gasóleo bonificado tipo B a vehículos no autorizados. Según la Agencia Tributaria, también se detectaron cerca de una decena de infracciones en turismos y el uso fraudulento en un camión de gran potencia fiscal.

La operación fue realizada por funcionarios de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria en Guadalajara y agentes de la Guardia Civil de la Comandancia de Guadalajara. La investigación partía de posibles irregularidades en la comercialización de carburantes en una estación de servicio de la provincia.

El caso no es menor, porque el fraude del gasóleo bonificado no solo afecta a la recaudación. También genera competencia desleal frente a quienes sí compran combustible al precio y fiscalidad que les corresponde. La propia Agencia Tributaria enmarca estos dispositivos dentro de una estrategia para reforzar la vigilancia sobre los impuestos especiales en materia de hidrocarburos.

Cómo se detecta el gasóleo B

El sistema es más sencillo de lo que muchos imaginan. El gasóleo bonificado se distingue por una tonalidad rojiza, ya que incorpora marcadores que permiten identificarlo. Durante los controles, los agentes pueden extraer pequeñas muestras del combustible del depósito para comprobar si el vehículo está usando gasóleo B o C sin estar autorizado.

Esa primera identificación visual no es necesariamente el final del proceso. Según explica la Agencia Tributaria, las muestras se precintan y se remiten a la Dependencia de Aduanas e Impuestos Especiales para su análisis y tramitación administrativa. Es decir, no se trata solo de “mirar el color”: hay un procedimiento posterior para confirmar la infracción.

No es una multa de tráfico con puntos

Una de las claves que debe entender cualquier conductor es que este tipo de infracción no funciona como una sanción típica de tráfico. No hablamos de exceso de velocidad, móvil al volante o ITV caducada. Hablamos de una posible infracción vinculada a los Impuestos Especiales.

Eso significa que el conductor no se enfrenta a una pérdida de puntos, pero sí a una sanción económica que puede ser importante. En actuaciones similares, la Agencia Tributaria ha informado de sanciones de entre 3.600 y 7.200 euros por vehículo en función de la potencia fiscal y las circunstancias del caso.

Además, para una estación de servicio, la situación puede ser todavía más delicada. Si se acredita que ha suministrado gasóleo bonificado a vehículos no autorizados, los hechos pueden constituir una infracción grave o muy grave de la Ley 38/1992 de Impuestos Especiales y afectar también a la normativa de control de hidrocarburos y distribución de productos petrolíferos.

Por qué algunos conductores caen en la tentación

La razón de fondo es evidente: el precio. Cuando el carburante sube, cualquier diferencia por litro se vuelve atractiva. Y el gasóleo bonificado puede parecer una forma rápida de ahorrar dinero, sobre todo para quienes hacen muchos kilómetros.

Pero ese supuesto ahorro puede convertirse en una factura enorme. Repostar combustible bonificado sin derecho a ello no es una picaresca menor: es disfrutar de un beneficio fiscal que no corresponde. Y cuando se detecta en un control, el problema deja de ser el depósito y pasa directamente a la vía tributaria.

El propio texto aportado incide en que estas prácticas habrían aumentado con el incremento de los precios de los carburantes, precisamente por la diferencia entre el gasóleo estándar y el gasóleo bonificado.

Qué vehículos pueden usarlo y cuáles no

El punto esencial es que el gasóleo B no está pensado para el uso normal de un turismo particular. Está reservado a determinados sectores y usos autorizados, principalmente agrícolas o profesionales específicos. La Agencia Tributaria habla expresamente de gasóleo B o C destinado a usos agrícolas o a determinados sectores autorizados.

Por eso, un conductor particular que lo utilice en su coche para ahorrar combustible se expone a una sanción. Y lo mismo ocurre con vehículos que no encajen dentro de los supuestos permitidos, aunque el repostaje se haya producido en una gasolinera que facilitara el suministro.

Aquí no basta con decir que “me lo vendieron”. Si el vehículo no puede usarlo, el conductor también puede quedar denunciado.

Un control que puede extenderse

Aunque los controles conocidos se han realizado en Guadalajara, la lógica de este tipo de actuaciones apunta a que pueden repetirse en otros puntos. La Agencia Tributaria habla de una estrategia dirigida a reforzar la vigilancia sobre los impuestos especiales y evitar prácticas fraudulentas en hidrocarburos.

Para el conductor, la recomendación es sencilla: no utilizar gasóleo bonificado si el vehículo no está autorizado. Puede parecer obvio, pero la existencia de estos controles demuestra que la práctica existe y que las administraciones están actuando.

Porque el problema no está solo en que el combustible sea más barato. El problema es que ese precio reducido existe por una razón fiscal concreta. Usarlo fuera de los casos permitidos convierte el ahorro en una infracción. Y en este caso, la factura puede ser mucho más alta que llenar el depósito con el combustible correcto.