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Obligan a circular a los guardias civiles en moto y con chaleco airbag a más de 35º... no les dejan elegir

Guardia Civil

La imagen del agente de la Guardia Civil de Tráfico patrullando en moto forma parte del paisaje habitual de las carreteras españolas. Sin embargo, detrás de esa estampa hay un debate interno que cada vez genera más malestar dentro del cuerpo. La Asociación Unificada de Guardias Civiles, una de las organizaciones más representativas, denuncia que los agentes siguen sin tener margen real para decidir cuándo patrullar en moto y cuándo hacerlo en coche.

El conflicto no gira en torno a una preferencia personal ni a una comodidad puntual. Según la asociación, hay días y circunstancias concretas en las que un agente puede no encontrarse en las mejores condiciones para subirse a una motocicleta de servicio. Y en esos casos, reclaman que exista cierta capacidad de decisión para poder patrullar en coche sin que todo dependa exclusivamente de los mandos.

Un acuerdo que, según AUGC, no se estaría respetando

El origen del malestar está en un acuerdo alcanzado el año pasado con el teniente general del Mando de Operaciones. Según denuncia AUGC, aquel entendimiento abría la puerta a que los agentes pudieran elegir no patrullar en moto y hacerlo en coche cuando existieran circunstancias personales y puntuales que lo justificasen.

Sin embargo, una instrucción reciente, fechada el 9 de mayo, habría devuelto la situación al punto de partida. La asociación sostiene que, con este nuevo criterio, siguen siendo los mandos quienes deciden qué vehículo debe utilizar cada agente en cada servicio, ya sea moto, coche o furgoneta.

Para AUGC, el problema es que el acuerdo quedaría vacío de contenido si, en la práctica, el agente no puede decidir nada y todo continúa dependiendo de la organización interna de cada unidad.

No es un capricho: seguridad y condiciones reales de trabajo

La asociación insiste en que no se trata de que cada guardia civil elija vehículo por gusto. Patrullar en moto exige concentración, equilibrio, condición física, protección específica y exposición directa al clima. Un mal día, una molestia física, cansancio acumulado o determinadas circunstancias personales pueden convertir una jornada en moto en un riesgo añadido.

La Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil cuenta con unos 9.000 agentes y dispone de entre 5.000 y 5.500 vehículos, entre motocicletas, coches y furgonetas. En función de la unidad, de los servicios asignados y de factores como la temperatura, los mandos organizan los medios disponibles.

El problema, según AUGC, es que esa planificación no siempre deja espacio para valorar la situación concreta del agente. Y ahí es donde la asociación reclama una regulación más sensible con la realidad del servicio.

El calor, otro frente abierto

La temperatura es uno de los puntos más delicados. AUGC denuncia que también se había acordado reducir de 35 a 32 grados la temperatura máxima para patrullar en moto. Sin embargo, según la asociación, esa rebaja no se ha aplicado y se mantiene el límite de 35 grados.

Sobre el papel puede parecer una diferencia menor, pero sobre una motocicleta de servicio no lo es. Un agente que patrulla en moto no solo soporta la temperatura ambiente. También lleva uniforme, casco, guantes, botas y otros elementos de protección. En verano, esa combinación puede convertir el servicio en una jornada especialmente dura.

La situación se complica todavía más con la incorporación de los chalecos con airbag, una medida de seguridad pensada para proteger a los motoristas en caso de caída, pero que también añade más capas, peso y sensación térmica al trabajo diario.

El chaleco airbag: más seguridad, pero también más calor

La llegada de los chalecos airbag fue presentada como un avance importante en la protección de los agentes motoristas. Y desde el punto de vista de la seguridad pasiva lo es. Pero los agentes denuncian que su uso en jornadas de calor intenso puede convertirse en un problema.

AUGC sostiene que patrullar con chaleco airbag y temperaturas próximas a los 35 grados puede ser un suplicio. No porque el dispositivo sea innecesario, sino porque suma carga térmica en un servicio que ya de por sí exige mucho físicamente.

La cuestión de fondo no es elegir entre seguridad y comodidad. Es adaptar las condiciones del servicio para que la protección no termine generando otro riesgo: agotamiento, pérdida de concentración o fatiga durante la conducción.

Los mandos siguen teniendo la última palabra

Desde fuera, muchos conductores no saben de qué depende que una patrulla de Tráfico vaya en moto o en coche. La realidad, según explican los propios agentes, es que cada unidad tiene asignados unos medios y que los mandos organizan los servicios según disponibilidad, temperatura, necesidades operativas y planificación diaria.

Ese sistema no es nuevo. Lo que denuncia AUGC es que la última instrucción mantiene prácticamente intacto el poder de decisión de los mandos, pese al compromiso previo de dar más margen al agente en casos justificados.

Para la asociación, la clave está en reconocer que una moto no es simplemente “otro vehículo”. Es una herramienta de trabajo que exige unas condiciones personales y ambientales muy concretas. Y cuando esas condiciones no se dan, obligar al agente a usarla puede ser contraproducente.

Un destino que pierde atractivo

El malestar también se enmarca en una preocupación más amplia: la pérdida de atractivo de la especialidad de Tráfico dentro de la Guardia Civil. AUGC sostiene que las condiciones del servicio, la exposición en carretera, los horarios, la presión operativa y ahora este tipo de conflictos hacen que muchos agentes ya no vean la Agrupación como un destino deseable.

Patrullar en moto tiene una carga vocacional evidente, pero también implica más riesgo físico que otros servicios. Si a eso se suman jornadas con calor extremo, equipamiento pesado y poca capacidad de decisión, el resultado es una sensación de desgaste creciente.

La reclamación: margen de decisión, no barra libre

Lo que pide AUGC no es que los agentes puedan negarse siempre a patrullar en moto. Su reclamación es más concreta: que exista un margen razonable para que, en circunstancias personales, puntuales o climatológicas, el agente pueda solicitar patrullar en coche sin que esa opción quede bloqueada por una decisión rígida del mando.

La asociación defiende que esto mejoraría la seguridad del propio agente y también la calidad del servicio. Un guardia civil que no está en condiciones óptimas para conducir una moto oficial no solo se expone él; también se reduce el margen de seguridad en una actividad que ya es exigente por naturaleza.

El debate, por tanto, no está en si la Guardia Civil de Tráfico debe patrullar en moto. Esa función forma parte de su identidad y de su operativa diaria. La cuestión es si debe hacerlo siempre que lo ordenen los mandos, incluso cuando el agente considera que ese día no está en condiciones adecuadas, o si debe abrirse un espacio real para aplicar el sentido común.