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La DGT avisa: como toques el claxon si gana España el Mundial, te clavará una multa de 80 euros

La victoria del Mundial

El árbitro señala el final del partido y, en apenas unos minutos, la ciudad cambia por completo.

Las camisetas aparecen en los balcones, las banderas salen por las ventanillas y las calles comienzan a llenarse de vehículos ocupados por aficionados. Unos cantan, otros graban la celebración con el teléfono y muchos conductores empiezan a utilizar el claxon como si fuera un instrumento más de la fiesta.

Es una escena tan habitual que casi nadie se plantea si está permitida.

Sin embargo, tocar repetidamente la bocina para celebrar una victoria del equipo o de la Selección española puede terminar con una multa de 80 euros, aunque no suponga la pérdida de puntos del permiso de conducir.

El motivo es sencillo: el claxon no ha sido instalado en el coche para expresar alegría, enfado o impaciencia. Es un dispositivo de seguridad cuyo uso está limitado a situaciones muy concretas.

La celebración no aparece entre los usos permitidos

El artículo 110 del Reglamento General de Circulación establece que las señales acústicas deben utilizarse excepcionalmente, con un sonido no estridente, y prohíbe expresamente su empleo inmotivado o exagerado.

La norma permite tocar el claxon para evitar un posible accidente, especialmente en carreteras estrechas con numerosas curvas. También autoriza su uso fuera de poblado para advertir a otro conductor de la intención de adelantarlo.

El tercer supuesto está relacionado con los vehículos no prioritarios que necesitan advertir de una situación urgente. Puede ser el caso de un conductor que traslada a una persona gravemente enferma y necesita comunicar a los demás usuarios que se encuentra realizando un servicio de emergencia.

Celebrar un gol, saludar a un amigo, protestar porque otro coche tarda en arrancar o expresar enfado durante un atasco no encaja en ninguno de esos supuestos.

La propia revista de la Dirección General de Tráfico incluye el uso gratuito del claxon entre los malos hábitos habituales al volante y recuerda que puede generar nerviosismo y malestar entre los demás conductores.

Una multa de 80 euros sin pérdida de puntos

El uso injustificado del claxon se tramita normalmente como una infracción leve, cuya sanción habitual asciende a 80 euros.

La Ley de Tráfico establece que las conductas contrarias a la normativa que no estén clasificadas expresamente como graves o muy graves tienen la consideración de leves. Estas infracciones pueden ser sancionadas con multas de hasta 100 euros, aunque el importe utilizado habitualmente para este incumplimiento es de 80 euros.

La sanción no implica la retirada de puntos.

Eso significa que el conductor puede recibir una denuncia aunque la caravana deportiva circule lentamente, no haya provocado ningún accidente y el ambiente sea completamente festivo.

No es necesario que exista una persona concreta que se haya quejado por el ruido. Basta con que los agentes observen un uso inmotivado, reiterado o exagerado de las señales acústicas.

El problema no es un único toque aislado

La aplicación de la norma siempre dependerá de las circunstancias.

Un toque breve para advertir a un peatón que está entrando en la calzada sin mirar puede estar plenamente justificado, aunque coincida con una celebración deportiva.

La situación cambia cuando un conductor mantiene el claxon accionado, lo utiliza continuamente durante varios minutos o participa en una caravana haciendo sonar la bocina sin que exista ningún peligro.

En ese momento, el dispositivo deja de cumplir una función de advertencia y se convierte únicamente en una fuente de ruido.

Los agentes valorarán aspectos como la duración, la repetición, el lugar, la hora y la posible molestia provocada a otros usuarios o residentes.

Una celebración multitudinaria tampoco suspende automáticamente las normas de tráfico. Los conductores continúan obligados a respetar los semáforos, utilizar el cinturón, mantener a los ocupantes dentro del vehículo y evitar cualquier comportamiento que comprometa la seguridad.

Cuidado con las bocinas modificadas

La situación puede ser más grave cuando el vehículo lleva instalado un dispositivo acústico que no cumple las condiciones técnicas reglamentarias.

El Reglamento General de Vehículos exige que los automóviles dispongan de un aparato que produzca un sonido continuo, uniforme y de suficiente intensidad. Las señales acústicas especiales quedan reservadas para vehículos prioritarios debidamente autorizados.

Instalar sirenas, bocinas musicales, dispositivos extremadamente estridentes o sistemas propios de vehículos de emergencia puede provocar una sanción diferente.

Circular con un vehículo que incumple las condiciones técnicas reglamentarias está clasificado como infracción grave, sancionada generalmente con 200 euros, aunque la cuantía concreta dependerá del dispositivo, de su instalación y de cómo se formule la denuncia.

Por tanto, una cosa es tocar indebidamente el claxon original del coche y otra utilizar una bocina modificada o no autorizada.

La señal que prohíbe tocar el claxon

También conviene prestar atención a la señal R-310, reconocible por mostrar una bocina dentro de un círculo rojo.

Esta señal prohíbe realizar advertencias acústicas, salvo cuando sean imprescindibles para evitar un accidente.

Suele colocarse en lugares especialmente sensibles al ruido, como las inmediaciones de:

  • Hospitales.
  • Residencias.
  • Centros sanitarios.
  • Colegios.
  • Zonas donde se necesita especial tranquilidad.

En esos puntos, una caravana de coches tocando el claxon puede resultar especialmente molesta para pacientes, personas mayores, niños o trabajadores.

La existencia de una celebración no elimina la prohibición señalizada.

Las banderas tampoco pueden comprometer la seguridad

El claxon no es el único elemento que puede provocar problemas durante una celebración deportiva.

Llevar una bandera en el vehículo no está prohibido por sí mismo, pero debe colocarse de manera que no reduzca la visibilidad, no oculte las luces o la matrícula y no pueda desprenderse durante la marcha.

También es peligroso que los pasajeros saquen gran parte del cuerpo por las ventanillas, viajen sentados sobre ellas o circulen sin el cinturón abrochado.

El entusiasmo puede hacer olvidar durante unos minutos que el coche continúa desplazándose entre peatones, motocicletas y otros vehículos.

Una frenada inesperada, una caída desde la ventanilla o una bandera que tapa la visión del conductor pueden convertir una fiesta en un accidente.

La normalidad social no convierte algo en legal

El gran problema del claxon durante las celebraciones es que su uso se encuentra completamente normalizado.

Cuando centenares de coches hacen lo mismo, el conductor puede pensar que la policía no sancionará a nadie o que existe una especie de permiso informal.

Pero que una conducta sea habitual no significa que esté autorizada.

Los agentes pueden priorizar la regulación del tráfico y la prevención de incidentes cuando existe una concentración multitudinaria. Eso no impide que denuncien comportamientos especialmente reiterados, peligrosos o molestos.

El conductor tampoco podría justificar el ruido afirmando que todos los demás vehículos estaban haciendo lo mismo.

La responsabilidad por una infracción recae sobre su autor.

Celebrar sí, pero sin convertir el coche en una sirena

Una victoria deportiva puede celebrarse de muchas formas.

Se puede colocar una bandera correctamente sujeta, acudir a una concentración autorizada o disfrutar del ambiente manteniendo una conducción responsable.

Lo que no permite la normativa es utilizar continuamente el claxon como expresión de alegría.

La bocina está pensada para esos segundos en los que una advertencia puede evitar un golpe, alertar a otro conductor o facilitar el paso durante una emergencia.

Utilizarla durante una celebración puede parecer una costumbre inofensiva. Sin embargo, legalmente continúa siendo un uso inmotivado de una señal acústica.

El equipo puede haber ganado el campeonato y la ciudad puede estar de fiesta.

Pero las normas siguen vigentes.

Y regresar a casa con una multa de 80 euros es, probablemente, la forma menos agradable de terminar una noche histórica.