DGT

A Pere Navarro le "encanta" una multa que ponen en Nueva York que ya cuenta con más de 60.000 quejas

Pere Navarro, director de la DGT

Dejar el coche arrancado mientras se espera a alguien, se revisa el móvil, se descarga un paquete o se mantiene el aire acondicionado funcionando en pleno verano parece una escena cotidiana. Es una de esas costumbres tan extendidas que muchos conductores ni siquiera la interpretan como una posible infracción. Pero en algunas ciudades ya se ha convertido en una vía seria de sanciones.

El caso más llamativo llega desde Nueva York, donde el Ayuntamiento anunció el 21 de mayo de 2026 la recuperación de más de 9 millones de dólares en multas impagadas relacionadas con vehículos de reparto vinculados a Amazon que permanecían al ralentí, es decir, con el motor encendido mientras estaban parados. La ofensiva se centró en infracciones asociadas a la red logística de la compañía y permitió recuperar 6,88 millones de dólares en sanciones ya dictadas y otros 2,15 millones en expedientes previos a resolución.

Nueva York ha encontrado una mina en el motor al ralentí

La norma neoyorquina no va dirigida al conductor que se detiene unos segundos en un semáforo. El foco está en los vehículos que permanecen parados, estacionados o detenidos con el motor en marcha durante más tiempo del permitido. En la mayoría de casos, la ley municipal prohíbe que un vehículo esté al ralentí durante más de tres minutos mientras está parado.

La clave no está solo en la norma, sino en el sistema de vigilancia. Nueva York permite que los ciudadanos denuncien este tipo de infracciones a través del 311, formularios online o el Citizens Air Complaint Program, un programa que acepta vídeos como prueba. Según el Ayuntamiento, este sistema ha crecido un 1.700% desde su lanzamiento en 2009 y en lo que va de 2026 ya acumula 62.680 quejas.

Traducido al lenguaje de la calle: no hace falta que un agente esté presente en cada esquina. Si un vehículo permanece arrancado más tiempo del permitido, un ciudadano puede grabarlo, denunciarlo y activar el procedimiento. Es una fórmula muy discutida, porque mezcla control ambiental, vigilancia ciudadana y un evidente potencial recaudatorio.

La tentación española: una multa que no habría que inventar desde cero

La pregunta es inevitable: ¿podría pasar algo parecido en España? La respuesta corta es que no existe ahora mismo un sistema nacional idéntico al de Nueva York, ni una campaña anunciada por la DGT basada específicamente en perseguir de forma masiva a los coches detenidos con el motor encendido. Pero eso no significa que la conducta sea siempre inocua.

El Artículo 10 de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial obliga al usuario de la vía a comportarse de manera que no entorpezca indebidamente la circulación ni cause peligro, perjuicios o molestias innecesarias a las personas, daños a los bienes o al medioambiente. Es una formulación amplia, pero precisamente por eso puede servir de apoyo cuando una conducta genera contaminación, ruido o molestias evitables.

Aquí está el matiz importante: no se trataría de que la DGT “inventara” una multa nueva de la nada, sino de aplicar normas ya existentes con un criterio más estricto. Y eso, especialmente en verano, podría afectar a muchos conductores que dejan el coche encendido para mantener el habitáculo frío mientras esperan.

Madrid ya obliga a apagar el motor al estacionar

El ejemplo más claro dentro de España está en Madrid. La Ordenanza de Movilidad Sostenible establece que quien conduzca debe apagar el motor desde el inicio del estacionamiento, incluso aunque permanezca dentro del vehículo. La misma norma contempla excepciones para vehículos 0 emisiones, servicios sociosanitarios, cuerpos de seguridad, bomberos, grúa municipal y transporte público de viajeros entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre.

Además, la propia ordenanza considera infracción leve incumplir esa obligación y prevé una multa de hasta 100 euros. En otra parte del texto municipal también aparece expresamente como infracción “estacionar sin apagar el motor”, incluso si la persona conductora permanece en el interior del vehículo.

Esto cambia la lectura del asunto. No hablamos de una hipótesis extravagante, sino de una obligación que ya existe en una gran ciudad española. Otra cosa es que hasta ahora no haya sido una de las sanciones más visibles para el conductor medio.

El verano multiplica la infracción silenciosa

El verano es el momento perfecto para que esta conducta se dispare. Con temperaturas altas, muchos conductores dejan el coche arrancado para mantener funcionando el climatizador. Ocurre en aparcamientos, zonas de carga y descarga, dobles filas, inmediaciones de colegios, estaciones, centros comerciales y calles residenciales.

El problema es que un motor térmico encendido sin necesidad sigue generando emisiones, ruido y consumo de combustible. Aunque el coche no se mueva, contamina. Y ahí es donde las administraciones encuentran el argumento ambiental para sancionar.

La controversia está servida porque, para muchos conductores, una multa por tener el coche arrancado mientras se espera puede sonar más a recaudación que a seguridad vial. Pero las ciudades están moviendo cada vez más el debate desde la seguridad hacia la calidad del aire, especialmente en zonas urbanas densas.

De los repartidores a los particulares

En Nueva York, el gran objetivo han sido los vehículos de reparto, especialmente por el volumen de entregas y la costumbre de dejar el motor encendido para ahorrar tiempo entre parada y parada. Es lógico: un particular puede hacerlo unos minutos al día, pero una flota de reparto puede repetirlo cientos o miles de veces.

En España, una aplicación similar podría empezar por las zonas urbanas, los vehículos profesionales, la carga y descarga o las áreas donde ya existen ordenanzas ambientales más estrictas. No sería extraño que los ayuntamientos fueran antes que la DGT en este tipo de vigilancia, porque tienen competencias directas sobre movilidad urbana, estacionamiento y calidad del aire.

Una multa menor, pero muy fácil de multiplicar

La posible sanción no sería tan elevada como otras infracciones de tráfico, pero su potencial está en la cantidad. Una multa de 80 o 100 euros puede parecer menor frente a sanciones por velocidad, alcohol o móvil, pero si se aplica de forma intensiva en grandes ciudades, el resultado puede ser enorme.

Ese es precisamente el espejo de Nueva York: una infracción aparentemente pequeña, repetida miles de veces, termina generando millones. Y ahí aparece la gran duda para España: si la Administración decide mirar con más atención a los coches arrancados sin circular, muchos conductores descubrirán que una costumbre de verano puede tener más riesgo del que pensaban.

Porque dejar el motor encendido mientras el coche está parado ya no es solo una cuestión de comodidad. En plena ofensiva contra las emisiones urbanas, puede convertirse en la próxima multa incómoda para quienes creen que estar quieto equivale a no infringir nada.