DGT

Pere Navarro gasta 92.000 euros en gorras, bufandas, tazas y pegatinas de la Guardia Civil

Pere Navarro jugando con el merchandising de la Guardia Civil. Foto generada por IA.

La Dirección General de Tráfico vuelve a quedar bajo los focos, esta vez no por radares, balizas V16, controles de alcohol o campañas de seguridad vial, sino por un contrato público mucho más llamativo: el suministro de merchandising para diferentes unidades de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

El contrato, identificado con el expediente 1DGT2B000156, aparece vinculado a la Dirección General de Tráfico dentro del Ministerio del Interior y tiene como objeto la contratación de material promocional repartido en 22 lotes. La cuantía total publicada asciende a 91.941 euros, IVA incluido, según la información recogida sobre la licitación.

La cifra, por sí sola, ya resulta llamativa. Pero lo que ha encendido el debate no es solo el importe, sino el tipo de artículos incluidos: desde gorras, bolígrafos y alfombrillas hasta pulseras, pines, metopas, artículos de bisutería y regalos institucionales.

Un contrato dividido en 22 lotes

El expediente está organizado en 22 lotes, una fórmula habitual en contratación pública para separar diferentes tipos de suministro. El lote 1 corresponde a gorras por 1.512,5 euros; el lote 2, a un set de bolígrafos y portaminas por 1.270,5 euros; y el lote 3, a alfombrillas para ratón por 1.210 euros. También aparecen abanicos por 726 euros, llaveros por 4.235 euros, carpetas portafolios por 4.840 euros y pendrives por 1.815 euros.

La lista continúa con tazas por 5.445 euros, bufandas tubulares por 1.815 euros, blocs de notas por 2.722,5 euros, bolsas portamóviles por 2.420 euros, bidones por 5.142 euros, cajas de colorines por 907,5 euros y pegatinas por 4.991,25 euros.

No se trata, por tanto, de una compra aislada de material de oficina o de unos pocos obsequios protocolarios. Es un paquete amplio de productos promocionales con distintos usos posibles: eventos, representación institucional, campañas, actos internos o material identificativo.

Pulseras, pines y metopas: los lotes que más llaman la atención

Entre los importes más altos destaca el lote de pulseras, con 13.007,5 euros, y el de metopas de protocolo, con 19.965 euros, el más elevado de todos los recogidos en la relación publicada. También figuran pines por 6.050 euros, mochilas tácticas básicas por 2.420 euros y monedas institucionales con cápsula por 1.996,5 euros.

El lote de artículos de bisutería aparece identificado como lote 20, con un importe de 1.550 euros sin IVA, según la ficha de contratación publicada en Concursos Públicos, y el lote 21 corresponde a regalos institucionales.

Ahí es donde aparecen algunos de los artículos más comentados: figuras de mármol de la Guardia Civil, pendientes de plata con forma de tricornio, alfileres dorados y plateados también con forma de tricornio y gemelos dorados, según la información publicada.

La polémica no está solo en el gasto, sino en el momento

El debate no se entiende únicamente por el importe. La DGT es un organismo que suele estar en el centro de la conversación pública por asuntos que afectan directamente a millones de conductores: multas, seguridad vial, nuevas obligaciones, campañas de control o dispositivos como la baliza V16.

Por eso, cuando aparece un contrato de casi 92.000 euros en merchandising, la lectura ciudadana puede ser especialmente sensible. Para una parte de la opinión pública, este tipo de compras pueden interpretarse como gasto institucional difícil de justificar en un contexto de precios altos, presión fiscal y quejas frecuentes sobre servicios públicos.

La cuestión de fondo es la misma de siempre en este tipo de contratos: no basta con que el procedimiento sea legal. También importa si el gasto se percibe como oportuno, proporcionado y alineado con las prioridades del organismo.

Merchandising institucional: entre la representación y la crítica pública

El merchandising institucional no es algo extraño en administraciones públicas. Muchas instituciones compran material promocional para actos, jornadas, formación, campañas, visitas oficiales o representación. Gorras, bolígrafos, carpetas, pines o metopas forman parte de ese universo protocolario.

El problema aparece cuando la lista incluye artículos especialmente llamativos o cuando el volumen económico da pie a titulares. Una taza o un llavero pueden pasar desapercibidos; unos pendientes con forma de tricornio o casi 20.000 euros en metopas generan otro tipo de conversación.

En ese punto, la DGT se enfrenta a un dilema reputacional. Puede defender que se trata de material institucional para unidades de la Agrupación de Tráfico. Pero al mismo tiempo, el ciudadano puede preguntarse si ese dinero no tendría mejor destino en medios operativos, seguridad de los agentes, formación o servicios vinculados directamente a la carretera.

El antecedente de las sombrillas

La polémica llega después de otra licitación que ya generó comentarios: la compra de 300 sombrillas por un valor de 44.997 euros, relacionada con el calor que sufren los examinadores, según publicó el mismo medio.

Ese antecedente ayuda a explicar por qué este contrato ha tenido recorrido mediático. No es solo una compra concreta; es la sensación de que determinadas adquisiciones de la DGT se prestan fácilmente a la controversia pública, especialmente cuando coinciden con un clima de críticas por sanciones, nuevas obligaciones o decisiones de Pere Navarro.

Una factura pequeña para el Estado, grande para el titular

En términos presupuestarios generales, 91.941 euros no es una cifra enorme dentro de una administración como la DGT. Pero en comunicación pública, el impacto no siempre depende del tamaño absoluto del gasto, sino de su capacidad para generar una imagen potente.

Y aquí la imagen es clara: gorras, pulseras, tazas, pines, metopas, bisutería y regalos institucionales financiados por un organismo que muchos conductores asocian principalmente a multas, controles y obligaciones. Esa combinación es explosiva desde el punto de vista informativo.

La contratación puede tener una explicación administrativa. Puede estar prevista para actos institucionales o unidades concretas. Pero la pregunta que queda flotando es inevitable: en un momento en el que la DGT pide esfuerzos constantes a los conductores, ¿cómo encaja un contrato de merchandising de casi 92.000 euros?

La respuesta oficial podrá estar en los pliegos, en el expediente y en la finalidad interna del suministro. La respuesta social, en cambio, se mide en otra moneda: la percepción. Y en ese terreno, unos pendientes de tricornio pesan mucho más que su precio real.