ITV

Le tiran la ITV por la chapuza más épica vista: "¿Se pensará que esto es seguro?"

Las bridas

Hay defectos leves, defectos graves y luego están esas chapuzas que directamente hacen que uno se pregunte cómo ha llegado el coche hasta la puerta del taller. Eso es precisamente lo que ha mostrado un mecánico al enseñar varios ejemplos de vehículos en un estado difícil de justificar: un asiento sujeto de forma improvisada, una luna delantera partida, un escape atado con alambres y unos frenos trabajando hierro contra hierro.

La escena resume muy bien una realidad incómoda: algunos conductores siguen viendo la ITV como un trámite molesto, cuando en realidad es una barrera mínima para evitar que coches en mal estado sigan circulando con normalidad. Y cuando lo que está en juego son asientos, cristales, escapes y frenos, ya no hablamos de estética ni de pequeños defectos. Hablamos de seguridad.

Un asiento sujeto con bridas y cables

El primer caso es, probablemente, el más llamativo. Según muestra el taller, el vehículo llevaba el asiento sujeto con bridas y cables de corriente, una solución improvisada que puede parecer ingeniosa a quien quiere salir del paso, pero que no tiene ninguna lógica desde el punto de vista de la seguridad.

Un asiento no es una pieza decorativa. Es el punto que mantiene al conductor o al pasajero en una posición correcta dentro del coche. Además, trabaja junto al cinturón de seguridad y, en muchos casos, con sensores, pretensores, airbags laterales o sistemas eléctricos.

Si un asiento no está correctamente anclado, puede desplazarse en una frenada fuerte o en un accidente. Y si se mueve el asiento, se altera por completo la posición del cuerpo frente al cinturón y los airbags. Es decir, una chapuza aparentemente “para aguantar” puede convertirse en un riesgo enorme en el peor momento.

La luna delantera rajada y tapada con cinta

El taller también enseña otro vehículo con la luna delantera completamente rajada. No se trata de una pequeña picadura o de una marca superficial, sino de un cristal partido y con una especie de cinta transparente colocada encima.

El problema aquí es doble. Por un lado, una luna rajada puede afectar a la visibilidad del conductor, especialmente con sol bajo, lluvia, luces de frente o conducción nocturna. Por otro, el parabrisas forma parte de la estructura de seguridad del coche. En muchos modelos, contribuye a la rigidez del vehículo y al correcto funcionamiento de algunos airbags.

Poner cinta sobre una raja puede evitar que entren restos o que el daño se abra visualmente, pero no soluciona el problema. Es una reparación aparente, no una reparación real. Y desde luego no debería entenderse como una forma válida de pasar inspección.

El escape atado con alambres

Otro de los ejemplos mostrados es un tubo de escape sujeto con una amalgama de alambres. El propio mecánico reconoce que puede parecer fuerte, pero deja claro que “no es lo suyo”.

Y tiene razón. El sistema de escape trabaja con temperatura, vibraciones y movimiento constante. Si una sujeción falla, el escape puede quedar colgando, golpear el suelo, desprenderse parcialmente o incluso caer sobre la carretera. Eso no solo puede dañar el propio vehículo, sino convertirse en un peligro para otros conductores.

Además, un escape mal sujeto puede provocar ruidos anómalos, fugas de gases, vibraciones y problemas de emisiones. No es una pieza que deba ir “apañada” con alambre como si fuera una solución definitiva.

El freno al límite: hierro contra hierro

El caso más preocupante desde el punto de vista dinámico está en los frenos. El taller muestra un disco de freno completamente rayado porque la pastilla está tan gastada que ya no queda material de fricción. Lo que roza contra el disco es directamente metal.

Ese sonido de hierro contra hierro no es solo desagradable. Es una advertencia clara de que el sistema de frenado está en una situación crítica. Cuando la pastilla se consume por completo, el coche pierde capacidad de frenada, aumenta la distancia para detenerse y puede dañar el disco hasta hacerlo inservible.

En ese punto, ya no hablamos de cambiar unas pastillas a tiempo. Hablamos de tener que sustituir pastillas y discos, con una factura mayor y, sobre todo, con un riesgo evidente para quien circula con el vehículo.

La ITV no es el enemigo

Casos como este explican por qué existe la Inspección Técnica de Vehículos. Puede haber debate sobre criterios, precios, esperas o defectos discutibles, pero cuando aparece un coche con el asiento mal sujeto, el cristal rajado, el escape atado y los frenos destrozados, la función de la ITV se entiende en un segundo.

La inspección no debería verse como una trampa para recaudar, sino como un filtro básico para que determinados vehículos no sigan en circulación hasta corregir defectos que comprometen la seguridad.

Porque una cosa es llevar una luz fundida o un pequeño desgaste. Otra muy distinta es confiar la seguridad del coche a bridas, cables, cinta adhesiva y alambres.

El peligro de normalizar las chapuzas

El problema de estas reparaciones improvisadas es que muchas veces empiezan como algo temporal. “Lo sujeto así para llegar a casa”, “lo apaño hasta cobrar”, “lo dejo así unos días”. Pero esos días se convierten en semanas, las semanas en meses y el coche termina circulando como si nada.

La mecánica no perdona ese tipo de dejadez. Un asiento mal anclado no se vuelve seguro por aguantar un trayecto. Un cristal rajado no deja de estar roto porque lleve cinta. Un escape atado no está reparado. Y un freno que roza hierro contra hierro no va a mejorar solo.

Un aviso para cualquiera que vaya a pasar inspección

La imagen que deja este caso es clara: antes de pensar en pasar la ITV, hay que pensar en si el coche está realmente en condiciones de circular. Y eso empieza por lo básico: frenos, neumáticos, luces, cristales, dirección, suspensión, cinturones, asientos y sujeciones.

No hace falta ser mecánico para entender que hay cosas que no deberían llegar nunca a una línea de inspección. Si un elemento de seguridad está sujeto de manera casera o si una pieza vital está funcionando al límite, el coche no necesita una pegatina favorable. Necesita una reparación.

Porque lo increíble no es que un vehículo así no pase la ITV. Lo increíble es que alguien piense que puede circular de forma segura en ese estado.