Para multarte, bien: Varios guardias civiles denuncian que van en el Pegasus sin protecciones adecuadas
La unidad aérea de la DGT lleva tiempo rodeada de un ruido que no desaparece. A los accidentes, a los concursos atascados y a los problemas para mantener operativa la flota se suma ahora una denuncia especialmente incómoda: la de los propios guardias civiles que vuelan en los helicópteros Pegasus. La AUGC, la principal asociación profesional del cuerpo, ha denunciado públicamente que los agentes destinados en estas aeronaves no disponen de equipos de protección individual suficientes y que, en algunos casos, se les plantea como solución compartir cascos de vuelo o higienizarlos entre servicios.
La imagen no ayuda precisamente a rebajar la tensión sobre una unidad que ya venía muy tocada en lo reputacional. Porque el problema ya no es solo que los Pegasus hayan estado envueltos en controversias por su operatividad, por su mantenimiento o por accidentes especialmente difíciles de digerir. El problema ahora es que quienes tienen que subir a esas aeronaves están diciendo en voz alta que no se sienten protegidos como deberían.
La denuncia de AUGC apunta al casco, pero el mensaje va mucho más allá
La asociación lo explica con bastante claridad. En su comunicado del 20 de abril de 2026, AUGC sostiene que la respuesta de la Administración a sus escritos es “insuficiente” y que, lejos de resolver el problema, confirma que siguen existiendo carencias. Según la asociación, la Administración reconoce el envío de cascos de vuelo, pero sin concretar cantidades ni distribución, y plantea como salida el uso compartido de esos cascos con sotocascos desechables o mediante higienización. AUGC considera esa medida “claramente inadecuada” porque los cascos de vuelo son equipos de protección de uso personal y no colectivo.
El comunicado añade además otro agravio que deja muy mal sabor de boca: mientras el personal funcionario directamente dependiente de la DGT sí tendría sus EPIs asignados de forma individual, los guardias civiles seguirían compartiendo un elemento básico de seguridad como el casco. AUGC también denuncia la falta de vestuario técnico específico y reclama una evaluación específica de riesgos del puesto.
Una unidad ya marcada por dos accidentes que nunca dejaron buen olor
La polémica actual no nace en un terreno limpio. La unidad aérea de la DGT arrastra una mochila muy pesada desde los dos accidentes sufridos por helicópteros Pegasus en 2023. En uno de ellos, en Almería, un informe preliminar recogido por varios medios explicó que el aparato se accidentó cuando el piloto intentaba aterrizar junto a un restaurante en una zona no preparada para comer. Tanto Público como Motorpasión y otras cabeceras reprodujeron el contenido del informe: el rotor levantó una nube de polvo, el piloto perdió referencias visuales y el rotor de cola acabó impactando con un árbol.
El otro accidente, ocurrido meses antes, quedó igualmente envuelto en enorme polémica después de que distintos medios publicaran que el piloto había dado positivo en drogas y que en el vuelo participaba una persona ajena al servicio. Infobae recogió ambos episodios en un reportaje especialmente duro sobre la situación de la flota.
Todo eso explica por qué cualquier nuevo conflicto alrededor de los Pegasus se amplifica tanto. No se está discutiendo sobre una unidad cualquiera, sino sobre una unidad que ya venía golpeada y bajo escrutinio.
La compra de cascos estaba prevista, pero la queja sigue ahí
La parte más llamativa del caso es que el problema estalla después de que la propia DGT impulsara la compra de nuevos cascos. En septiembre de 2025, varios medios publicaron que Tráfico había licitado la adquisición de 24 cascos de piloto de helicóptero por una cantidad superior a 72.000 euros, con un precio unitario cercano a 2.420 euros. El Debate dio la cifra y explicó además que los cascos incluían sistemas de comunicación integrados, visores transparentes y tintados y otros elementos técnicos propios de un equipo de vuelo. Esa información fue posteriormente recogida también por otros medios especializados.
Y aquí es donde el relato se vuelve todavía más incómodo: si ya se había movido una compra de este calibre, cómo es posible que en abril de 2026 la AUGC siga denunciando que los agentes comparten cascos o no tienen dotación individual suficiente. Esa contradicción es precisamente la que deja más expuesta a la gestión del servicio.
El mantenimiento de los Pegasus también fue un quebradero de cabeza
La denuncia de los cascos no llega, además, en un momento cualquiera. La flota aérea de la DGT pasó por una etapa muy delicada en 2025, cuando el concurso para externalizar pilotos y mantenimiento quedó desierto. Varios medios informaron entonces de que ninguna empresa quiso asumir las condiciones del contrato, valorado en más de 50 millones de euros, y que eso dejó a los Pegasus temporalmente en tierra. Entre quienes lo contaron estuvieron El País, Motorpasión Moto, Telemadrid y otras cabeceras que siguieron el proceso.
Finalmente, la DGT adjudicó el servicio a Eliance Global Services, con un contrato de 51,1 millones de euros y una duración de 38 meses, según publicó El País. Pero ese cierre no apagó la polémica, porque otras informaciones subrayaron antecedentes de la adjudicataria con administraciones públicas.
El problema ya no es solo operativo, también es de confianza
El caso de los cascos puede parecer menor comparado con un accidente o un concurso millonario, pero en realidad golpea en un punto muy sensible: la confianza interna. Cuando quienes forman parte de la tripulación dicen que no cuentan con su propio equipo básico de protección, la discusión deja de ser burocrática y pasa a ser casi simbólica.
Porque un casco de vuelo no es un accesorio más. Es uno de esos elementos que resumen si un servicio se está gestionando con el nivel de seriedad que exige un entorno de riesgo. Y si lo que se ofrece a los agentes es compartirlo entre turnos, con sotocascos desechables como apaño, la imagen que se proyecta no es precisamente la de una unidad puntera ni impecablemente coordinada.
Los Pegasus vuelven a recordarle a la DGT que sus problemas no se han ido
En el fondo, la denuncia de AUGC no hace más que confirmar algo que ya se intuía desde hace tiempo: la unidad aérea de la DGT sigue siendo una fuente constante de fricción. Ha tenido accidentes, ha sufrido problemas contractuales, ha pasado por concursos sin candidatos y ahora vuelve a estar bajo el foco por la protección de sus tripulantes.
Y eso es quizá lo más delicado de todo. Porque una unidad de vigilancia aérea necesita no solo helicópteros, pilotos y radares. Necesita también una mínima sensación de orden, seguridad y profesionalidad. Cuando esa sensación se rompe, el problema deja de estar en una licitación o en una compra concreta. El problema pasa a ser estructural.
Los Pegasus vuelven a volar, sí. Pero a juzgar por la denuncia de los agentes, siguen arrastrando demasiadas turbulencias en tierra.