Ya hay cuatro peticiones de firmas que exigen la dimisión de Pere Navarro
La figura de Pere Navarro vuelve a encender el debate. Esta vez no por una nueva campaña de tráfico, ni por un radar, ni por otra de las medidas que en los últimos años han levantado ampollas entre muchos conductores y motoristas. El foco ahora está en Change.org, donde ya circulan cuatro peticiones distintas que exigen el cese o la dimisión del actual director general de la DGT.
La imagen es bastante elocuente. No se trata de una única iniciativa aislada de algún usuario enfadado, sino de varias campañas abiertas en momentos diferentes, con mensajes parecidos y un mismo objetivo: pedir que Pere Navarro deje el cargo. Y lo más llamativo es que una de ellas ya ha conseguido una cifra muy considerable de respaldo.
Una de las campañas ya supera las 22.000 firmas
De todas las peticiones que aparecen en la captura, la más potente es la titulada “CESE URGENTE DEL DIRECTOR GENERAL DE TRÁFICO”, creada el 11 de febrero de 2026, que acumula 22.259 firmas.
Esa cifra cambia bastante la dimensión del asunto. Porque una cosa es encontrar una petición testimonial con unas pocas decenas o unos pocos cientos de apoyos. Otra muy distinta es encontrarse una campaña que ya pasa claramente de las 22.000 adhesiones, una cantidad que revela un malestar mucho más extendido de lo que podría parecer a simple vista.
No implica, por supuesto, que vaya a producirse ningún cambio directo en la dirección de la DGT. Pero sí evidencia algo importante: hay una parte de la opinión pública, especialmente sensible a las decisiones de Tráfico, que ya no se limita a quejarse en redes o en foros. Ha dado el paso de organizar ese rechazo de forma visible.
No es una sola petición: son cuatro distintas
Ese es, probablemente, el dato más revelador de todos. En la captura se aprecian cuatro peticiones diferentes, todas con el mismo fondo y con matices distintos en la forma de expresarlo.
Una de ellas se titula “Exigir la dimisión del director general de la DGT, señor Pere Navarro” y suma 902 firmas. Otra, “Dimisión inmediata del director de la DGT Pere Navarro”, alcanza 689 firmas. La tercera, la más grande, supera las 22.000. Y una cuarta, bajo el título “Cese del actual Dtor Gral de Tráfico”, aparece con 54 firmas.
Las cifras son desiguales, claro. Pero lo verdaderamente llamativo no es solo cuántas firmas tiene cada una, sino el hecho de que haya varias campañas separadas insistiendo en la misma idea. Eso refleja que el rechazo no está centralizado en una sola voz, sino disperso en distintos usuarios, momentos y sensibilidades.
El malestar viene de lejos y tiene un foco claro: los motoristas
Si uno se fija en los textos visibles de las peticiones, el contexto aparece muy rápido. Buena parte del enfado parece venir del mundo de la moto, un colectivo que desde hace años mantiene una relación especialmente tensa con algunas decisiones de la DGT.
En una de las campañas se habla expresamente de la obligación de utilizar determinadas prendas y elementos de protección para motoristas. En otra, el texto visible menciona los guardarraíles y el hecho de que “siguen muriendo motoristas”. Y en otra se nota un tono muy personal, casi emocional, desde la defensa de la moto como forma de vida y desde una visión muy crítica de la gestión de Tráfico.
Eso ayuda a entender por qué el nombre de Pere Navarro sigue despertando tantas reacciones. Para muchos conductores puede ser simplemente el rostro visible de una política de seguridad vial más dura o más intervencionista. Pero para una parte importante del colectivo motero se ha convertido en algo más: en el símbolo de una dirección que sienten lejana, restrictiva o incluso hostil hacia ellos.
Las polémicas no desaparecen y se van acumulando
El problema para Pere Navarro es que su figura lleva tiempo asociada a una sucesión constante de debates. Algunos más técnicos, otros más emocionales, pero todos con un mismo efecto: erosionar su imagen entre ciertos sectores.
Cada nueva discusión sobre límites, equipamiento, radares, señalización, normativas o medidas de vigilancia va dejando un poso. Y cuando ese poso se acumula durante años, acaba convirtiéndose en algo como esto: varias peticiones distintas pidiendo directamente su salida.
No hace falta que todo el mundo esté de acuerdo con ellas para que el mensaje sea potente. Basta con que miles de personas hayan querido poner su nombre y su firma en una campaña de este tipo para que quede claro que la figura del director de la DGT sigue profundamente cuestionada por una parte de la ciudadanía.
Change.org no decide ceses, pero sí retrata estados de ánimo
Conviene también poner las cosas en su sitio. Una petición en Change.org no obliga por sí misma al Gobierno a cesar a nadie. No tiene efecto jurídico automático ni capacidad ejecutiva real. Pero sí tiene otra función muy clara: medir y exhibir un estado de ánimo colectivo.
Y eso es precisamente lo que muestran estas cuatro campañas. No tanto una amenaza real e inmediata para el cargo de Pere Navarro, sino una fotografía bastante nítida del desgaste que su figura arrastra en determinados sectores.
Más aún cuando una de las iniciativas se dispara por encima de las 22.000 firmas. Ahí ya no estamos hablando de una protesta anecdótica. Estamos hablando de una campaña que, como mínimo, ha conseguido movilizar a miles de personas que querían dejar constancia de su rechazo.
El dato político no es menor: el rechazo ya no es aislado
Cuando aparecen cuatro peticiones diferentes con el mismo objetivo, el mensaje deja de ser una rabieta puntual. Se convierte en otra cosa más estructural: una sensación repetida de hartazgo, de desconfianza o de enfrentamiento con quien dirige la política de tráfico en España.
Ese es probablemente el punto más delicado del caso. No es solo que haya firmas. Es que hay insistencia. Persistencia. Repetición. Señal de que el malestar no se apagó tras una polémica concreta, sino que sigue vivo y reaparece cada vez que una nueva decisión de la DGT vuelve a tensar la cuerda.
Pere Navarro, otra vez en el centro del ruido
Al final, eso es lo que deja esta imagen: a Pere Navarro de nuevo en el centro del ruido. No porque se haya abierto un procedimiento formal contra él, ni porque su puesto esté en cuestión de manera institucional inmediata, sino porque su nombre sigue funcionando como detonante de una parte del descontento vial en España.
Y cuando internet convierte ese malestar en cuatro campañas simultáneas, con una de ellas superando ampliamente las 22.000 firmas, lo que queda claro es que la polémica ya no es puntual. Es un desgaste sostenido.
La gran pregunta ahora no es si estas peticiones tendrán recorrido político real. La gran pregunta es otra: cuántas polémicas más puede absorber la figura del director de la DGT antes de que ese ruido digital empiece a convertirse en un problema mucho más serio.