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Pikes Peak: Ford arrasa

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Hay lugares que parecen haber sido creados para poner a prueba al ser humano. Lugares donde la naturaleza deja claro quién manda y donde la tecnología, por muy avanzada que sea, necesita ir de la mano del talento, el valor y la sangre fría de un piloto. Uno de esos lugares es, sin duda, Pikes Peak, la montaña más famosa del automovilismo.

Cuando uno escucha hablar de las 24 Horas de Le Mans, del Rally Dakar o de las 500 Millas de Indianápolis, sabe que está ante competiciones legendarias. Pero Pikes Peak pertenece a otra categoría. Aquí no hay rivales rueda con rueda, adelantamientos imposibles ni estrategias de equipo. Aquí el único enemigo es la montaña.
Y créanme, la montaña nunca perdona.

Una historia que comenzó hace más de un siglo

Todo empezó en 1916, cuando Spencer Penrose, un empresario apasionado por el automóvil, decidió organizar una carrera para promocionar la carretera recién construida hasta la cima del Pikes Peak, en Colorado.
Nadie imaginaba entonces que aquella aventura acabaría convirtiéndose en una de las pruebas más prestigiosas del planeta.
Han pasado más de cien años y la esencia sigue siendo exactamente la misma: subir lo más rápido posible desde los 2.862 metros hasta los 4.302 metros de altitud.
Parece sencillo pero no lo es.
El recorrido tiene 19,99 kilómetros, 156 curvas y un desnivel cercano a los 1.440 metros.
Durante muchos años la carretera fue de tierra. Levantaba enormes nubes de polvo y obligaba a los pilotos a conducir prácticamente de memoria. Desde 2012 todo el recorrido está asfaltado, pero eso no significa que sea más fácil. Al contrario, hoy se alcanzan velocidades mucho mayores y cualquier error se paga muy caro.
Porque aquí no existen escapatorias.A un lado está la roca.Al otro… cientos de metros de vacío.

Cuando falta el oxígeno…

Hay un detalle que muchas veces pasa desapercibido.
A medida que los coches ascienden, el aire se vuelve cada vez más escaso.
Los motores atmosféricos pueden perder más de un 30 % de potencia.
Los turboalimentados lo compensan parcialmente gracias a la sobrealimentación.
Y los eléctricos…Los eléctricos simplemente siguen entregando toda su potencia.
Por eso esta carrera se ha convertido en un laboratorio de ingeniería donde los fabricantes prueban soluciones que años después terminan llegando a los coches de serie.

Ford vuelve a conquistar la montaña

Este año la gran protagonista ha sido Ford.
La marca americana presentó una auténtica bestia sobre ruedas: el Ford Super Mustang Mach-E, un prototipo que poco tiene que ver con el SUV que cualquiera puede comprar en un concesionario.
Estamos hablando de un vehículo  cercano a los 1.400 caballos de potencia, con tracción total eléctrica y una aerodinámica sencillamente espectacular.
Dicen los ingenieros de Ford que puede generar alrededor de 5.400 kilos de carga aerodinámica a alta velocidad.
Es una cifra casi difícil de imaginar. ¿Que os parece?
Significa que, en determinadas condiciones, el coche sería capaz de generar más apoyo del que pesa.
Eso te permite entrar en  curva a una velocidad  absolutamente increíble.

El hombre que mejor entiende esta montaña

Pero un coche, por extraordinario que sea, nunca gana solo.
Al volante estaba  Don Romain Dumas.
Hablar de él es hacerlo de uno de los pilotos más completos del automovilismo moderno.
Ha ganado las 24 Horas de Le Mans, las 24 Horas de Nürburgring, las 24 Horas de Spa, las 12 Horas de Sebring y, además, es un auténtico monstruo en Pikes Peak.
Con la victoria de este año ya suma seis triunfos absolutos, algo reservado únicamente para las grandes leyendas.
Lo más impresionante de Dumas no son sus manos.Es su cabeza.
Porque para correr aquí hace falta una concentración absoluta.
Durante algo más de ocho minutos el piloto memoriza una tras otra las 156 curvas.
No hay tiempo para pensar.Todo sucede por instinto.

Los europeos también hicieron historia

Aunque Pikes Peak es profundamente americana, Europa ha escrito algunas de las páginas más brillantes de esta carrera.

¿Quién no recuerda a Ari Vatanen a fondo y conduciendo con una sola mano mientras con la otra se protege del sol es simplemente inolvidable con el espectacular Peugeot 405 T16?
Aquel vídeo, Climb Dance, sigue siendo considerado una de las mejores películas de automovilismo jamás rodadas.
Después llegó Walter Röhrl con Audi.
Más tarde aparecería Michèle Mouton, una mujer que demostró que el talento no entiende de géneros y que dejó asombrado al mundo con su Audi Quattro.
Y en 2013 llegó otra exhibición histórica.
Sébastien Loeb, nueve veces campeón del mundo de rallyes, pulverizó todos los récords con el impresionante Peugeot 208 T16 Pikes Peak, parando el cronómetro en 8 minutos y 13 segundos.
Muchos expertos siguen considerando aquella subida como una de las mejores actuaciones individuales de toda la historia del automovilismo.
Cinco años después sería el propio Romain Dumas quien volvería a sorprender al mundo con el Volkswagen ID.R, convirtiéndose en el primer piloto capaz de bajar de los ocho minutos.

Una carrera donde no existen las segundas oportunidades

Lo que más me fascina de Pikes Peak es que aquí nadie puede relajarse.
No importa que seas campeón del mundo.
No importa que hayas ganado Le Mans.
La subida  no entiende de currículums.
Solo exige respeto.
Un pequeño exceso de optimismo…
Una frenada diez metros más tarde…
Un centímetro demasiado cerca del borde…Y todo puede terminar.
Por eso los pilotos hablan de esta carrera con una mezcla de admiración y respeto.
Saben perfectamente que están desafiando a una montaña que lleva más de cien años poniendo a prueba a los mejores.

Mucho más que una carrera

Vivimos tiempos en los que hablamos continuamente de inteligencia artificial, asistentes electrónicos, radares, conducción autónoma y coches capaces de aparcar solos.
Todo eso está muy bien.
Pero cuando ves salir un coche en Pikes Peak recuerdo por qué me enamoré del motor.
Porque sigue habiendo hombres y mujeres capaces de jugarse el prestigio, el esfuerzo de todo un año y, en ocasiones, mucho más, por encontrar la trazada perfecta.Eso no lo sustituirá nunca ningún ordenador.
La tecnología puede construir aparatos  increíbles.
Pero el valor sigue estando sentado detrás del volante.
Y quizá esa sea la verdadera grandeza de esta competición.
Más de un siglo después de su nacimiento, Pikes Peak continúa emocionándonos porque representa la esencia más pura del automovilismo.
No se trata únicamente de ganar.Se trata de atreverse.
De mirar hacia arriba, ver una carretera que desaparece entre las nubes y decirse a uno mismo:
“Voy a subir más rápido que nadie.”
Eso, para quienes amamos este deporte, sigue siendo magia.
Y mientras existan pilotos como Romain Dumas y montañas como Pikes Peak, el automovilismo seguirá teniendo alma. Por eso desde estas líneas teníamos que animar a Carlos Sainz para que vaya y bata el récord que existe hoy en día. Carlos, haz el favor de hacer la subida de Pikes Peak. Estoy seguro que igual que eres capaz de ganar varios Dakar puedes ganar esta mítica carrera.
¿Vosotros qué opináis?

LUIKE/El Circuito 
Toñejo Rodriguez