TOYOTA

Toyota pone 3.600 millones de dólares sobre la mesa y convierte Texas en el nuevo corazón de su imperio americano

El presidente de Toyota
El presidente de Toyota

Texas lleva años convirtiéndose en el gran refugio de la industria del automóvil en Estados Unidos. Aquí no solo llegan empresas tecnológicas o fabricantes de baterías. También aterrizan inversiones multimillonarias de marcas que quieren fabricar donde realmente está su mercado. Y Toyota acaba de dar un golpe encima de la mesa.
La marca japonesa ha anunciado una inversión de 3.600 millones de dólares para ampliar su gigantesca planta de San Antonio, una de las instalaciones más importantes que posee fuera de Japón. No es una ampliación cualquiera. Es un proyecto que transformará por completo la factoría, creará miles de puestos de trabajo y confirma que las pick-up continúan siendo el negocio más rentable del mercado norteamericano.
Desde Estados Unidos se percibe claramente que el automóvil está cambiando de rumbo. Durante los últimos años hemos hablado mucho de coches eléctricos, baterías, software o conducción autónoma. Sin embargo, cuando uno analiza dónde están invirtiendo realmente los fabricantes, descubre que las grandes cifras siguen destinándose a producir los vehículos que más beneficios generan.
Y en Estados Unidos esos vehículos tienen nombre propio: las pick-up.
Toyota lleva años creciendo en este segmento. Lo ha hecho con paciencia, sin hacer ruido y apostando por un producto que ha ido ganándose el respeto de un cliente tradicionalmente muy fiel a las marcas estadounidenses.
La Tundra ya compite de tú a tú con las grandes referencias del mercado, mientras que la Tacoma continúa siendo una de las pick-up medianas más vendidas de Norteamérica. A ellas se suma el Sequoia, un SUV de grandes dimensiones construido sobre la misma plataforma de la Tundra y pensado para un cliente que busca espacio, capacidad de remolque y fiabilidad.
Toda esa estrategia tiene un punto en común: San Antonio.
La fábrica abrió sus puertas en 2006 después de una inversión inicial cercana a los 850 millones de dólares. Entonces muchos dudaban de que una marca japonesa pudiera fabricar en Texas un vehículo capaz de competir con Ford, Chevrolet o Ram en su propio terreno.
Veinte años después la respuesta está en las cifras.
La demanda no ha dejado de crecer y Toyota ha decidido dar un paso que hace solo unos años parecía impensable.
Los 3.600 millones de dólares anunciados servirán para construir una segunda gran línea de producción, ampliar las instalaciones en más de 232.000 metros cuadrados y modernizar prácticamente toda la planta con nuevos sistemas robotizados, automatización industrial y procesos de fabricación mucho más eficientes. La capacidad del complejo aumentará de forma muy significativa y permitirá responder a una demanda que en algunos modelos continúa superando la oferta.
Pero detrás del hormigón, el acero y los robots hay otro dato que explica la magnitud del proyecto.
Toyota calcula que la ampliación supondrá la creación de unos 2.000 nuevos empleos directos. Si se añaden los puestos de trabajo de proveedores, transporte, logística, mantenimiento, empresas auxiliares y servicios, el impacto económico será muy superior.
En Texas estas inversiones no solo transforman una fábrica. Cambian por completo una región.
Cada nuevo trabajador necesita vivienda, colegios para sus hijos, comercios, restaurantes, carreteras y servicios. Alrededor de una planta de este tamaño acaba creciendo un auténtico ecosistema industrial que beneficia a cientos de pequeñas y medianas empresas.
No es casualidad que cada vez más fabricantes quieran instalarse en este estado.
Texas ofrece energía abundante, una potente red logística, excelentes conexiones ferroviarias y por carretera, puertos estratégicos en el Golfo de México y un marco fiscal especialmente atractivo para las empresas. A eso hay que añadir una mano de obra muy cualificada y una ubicación privilegiada para abastecer prácticamente todo el mercado norteamericano.
Sin embargo, probablemente la decisión más importante de Toyota no sea la ampliación en sí, sino lo que piensa fabricar dentro de ella.
La gran protagonista será la Toyota Tacoma.
Hasta ahora una parte muy importante de su producción se realizaba en Baja California, México. La compañía ha decidido trasladar progresivamente una parte de esa fabricación a Texas durante los próximos años.
No significa abandonar México, ni mucho menos. Toyota seguirá manteniendo una importante actividad industrial al otro lado de la frontera. Pero sí supone aumentar considerablemente el peso de la producción estadounidense.
Y eso tiene una explicación muy sencilla.
Estados Unidos quiere fabricar más vehículos dentro de su territorio.
La política industrial del país lleva tiempo impulsando la producción nacional mediante incentivos y una creciente presión para reducir la dependencia del exterior. Fabricar dentro de Estados Unidos significa acortar la cadena logística, reducir costes de transporte, minimizar riesgos derivados de posibles conflictos comerciales y responder con mayor rapidez a las necesidades del mercado.
Toyota ha preferido adelantarse.
La compañía sabe que el cliente americano sigue comprando pick-up como ningún otro vehículo. También sabe que la competencia es feroz.
Ford continúa liderando con la F-150.
Chevrolet mantiene una enorme cuota de mercado con la Silverado.
Ram conserva una clientela tremendamente fiel.
Y Toyota quiere seguir creciendo en ese grupo de gigantes.
La Tacoma es, además, un vehículo muy especial dentro del mercado estadounidense. No necesita cifras espectaculares de potencia para convencer a sus compradores. Su fama se ha construido durante décadas sobre algo mucho más importante para el cliente americano: la fiabilidad.
Aquí es muy habitual encontrar Tacoma con más de 400.000 kilómetros que continúan trabajando todos los días en explotaciones agrícolas, empresas de construcción o pequeños negocios familiares.
Ese prestigio no se consigue con campañas publicitarias.
Se consigue con los años.
Precisamente por eso Toyota necesita fabricar más unidades.
Cuando la ampliación esté completamente terminada, la planta de San Antonio podrá producir alrededor de 350.000 vehículos al año, convirtiéndose en uno de los mayores centros de producción de Toyota fuera de Japón. Allí saldrán las Tundra, los Sequoia y una parte muy importante de las Tacoma destinadas al mercado estadounidense.
La inversión también envía un mensaje muy claro al resto de la industria.
Mientras algunas marcas retrasan proyectos eléctricos, paralizan inversiones o revisan sus planes de futuro, Toyota sigue apostando por aquello que le genera beneficios reales.
La electrificación continúa avanzando, pero la realidad del mercado estadounidense demuestra que las grandes pick-up de gasolina e híbridas siguen siendo uno de los negocios más rentables del sector.
Y Toyota no piensa dejar escapar esa oportunidad.
Cuando esta ampliación finalice, la inversión acumulada de la compañía en San Antonio superará los 8.300 millones de dólares, una cifra que refleja hasta qué punto Texas se ha convertido en uno de los pilares industriales de Toyota en Norteamérica.
Desde Miami resulta fácil comprender por qué Toyota ha elegido este camino. Basta recorrer las carreteras de Florida, Texas, Georgia o las Carolinas para comprobar que las pick-up forman parte del paisaje. No son vehículos de ocio, como muchas veces se piensa en Europa. Aquí son herramientas de trabajo, vehículos familiares, coches para viajar y, en muchos casos, el único automóvil de la casa.
Toyota lleva años estudiando ese mercado. Lo conoce perfectamente y sabe que todavía existe margen para seguir creciendo.
Por eso esta inversión no debe interpretarse únicamente como la ampliación de una fábrica.
Es una declaración de intenciones.
Mientras otros siguen preguntándose cómo será el automóvil del futuro, Toyota ha decidido reforzar el presente. Y ese presente, al menos en Estados Unidos, sigue escribiéndose con carrocerías robustas, motores capaces de recorrer cientos de miles de kilómetros y pick-up que continúan siendo el símbolo de una forma de entender el automóvil que, lejos de desaparecer, sigue más viva que nunca.
Y permitidme terminar con una reflexión muy personal. Después de muchos años probando automóviles, recorriendo miles de kilómetros por las carreteras de Estados Unidos y conduciendo prácticamente de todo, sigo pensando que Toyota y Lexus representan hoy la mejor relación entre calidad, fiabilidad, tecnología y precio de toda la industria del automóvil.
Puede que otras marcas ofrezcan más potencia, más lujo o más exclusividad, pero cuando se analizan aspectos como la fiabilidad, la duración mecánica, el coste de mantenimiento, el valor de reventa y la satisfacción de los propietarios, muy pocas son capaces de acercarse al nivel que han alcanzado Toyota y Lexus.
Quizá por eso no me sorprende que la compañía siga invirtiendo miles de millones de dólares en Estados Unidos. Toyota nunca ha sido una marca de decisiones impulsivas. Lleva décadas planificando cada paso con una visión a largo plazo y el tiempo, una y otra vez, suele darle la razón.

LUIKE/EL CIRCUITO
Toñejo Rodriguez