Compra un CUPRA nuevo, denuncia varias averías y carga contra el concesionario: “Se lavan las manos”
Comprar un coche nuevo suele asociarse a una idea muy simple: tranquilidad. Estrenas, conduces y, si aparece un problema, la marca o el concesionario responden. Pero esa lógica se rompe por completo en el testimonio difundido por Anmaraiz, que ha cargado públicamente contra Surmoción, concesionario CUPRA en Leganés, por una cadena de incidencias que, según denuncia, arrastra desde hace meses. Su relato no gira en torno a un fallo aislado ni a una simple molestia menor. Habla de ventanillas que no funcionan, un retrovisor interior que se cae, un ruido muy desagradable en el climatizador y, sobre todo, una sensación de abandono que le ha llevado a estallar en redes.
La frustración de quien compra un coche nuevo y se encuentra con una lista de problemas
El tono del testimonio deja poco margen para la duda. No es una crítica en frío ni una queja formulada desde la distancia. Es el discurso de alguien que asegura estar “un poco desesperado” con un coche comprado en julio y que, según cuenta, ha presentado varios fallos y varias averías sin que, hasta ahora, haya encontrado una solución convincente.
Ese detalle es el que convierte el caso en algo más serio. No se trata de una incidencia puntual resuelta en taller ni de una visita aislada al concesionario. Lo que describe es una sucesión de problemas en un coche prácticamente nuevo, acompañada además de una pérdida total de confianza en quien se lo vendió.
Y ahí aparece el primer gran golpe reputacional para cualquier marca: cuando el cliente ya no discute solo la avería, sino también la forma en la que se le está tratando.
Ventanillas que fallan, un retrovisor que se mueve y un climatizador que desespera
Entre las incidencias que enumera, una de las más llamativas afecta a las ventanillas. Según explica, simplemente no funcionan en determinadas ocasiones. Lo que más le indigna no es solo el fallo, sino la respuesta que asegura haber recibido desde el concesionario: que había que “limpiar las guías” en un coche con apenas seis meses.
A eso suma otro problema que define como menos grave, pero muy molesto en el uso diario: el retrovisor interior se cae y tiene que regularlo cada mañana. De nuevo, lo que dispara su enfado es la explicación recibida. Según su relato, le dijeron que se debía a que la cámara pesa mucho. Una justificación que él presenta como otro ejemplo de respuestas difíciles de aceptar en un vehículo recién estrenado.
Pero el punto más incómodo parece llegar con el climatizador. El cliente asegura que el sistema genera un ruido muy desagradable y que incluso pidió al taller que reprodujera el recorrido en el que habitualmente aparece el fallo para comprobarlo en condiciones reales. Y es ahí donde, según su versión, se topó con otra negativa que considera incomprensible.
La respuesta que más le indignó: no probar el coche por estar cerca de la reserva
Uno de los pasajes más llamativos de su denuncia llega cuando explica que dejó el coche con 130 kilómetros de autonomía, pese a ser un modelo de gasolina y no eléctrico, y pidió que se realizara el trayecto donde el fallo del climatizador aparece con claridad.
Según cuenta, desde el concesionario le respondieron que no podían sacar el coche porque estaba a punto de entrar en la reserva, y que si entraba en reserva no lo iban a usar por los supuestos residuos que deja la gasolina en el depósito. En su relato, esa explicación aparece como la gota que colma el vaso.
La razón es evidente. Más allá de que cualquier taller pueda tener protocolos internos, el cliente interpreta esa respuesta como otro intento de evitar comprobar una avería que él asegura tener perfectamente documentada. Y ahí entra un factor decisivo en este caso: sostiene que tiene vídeos donde se aprecian tanto el ruido del climatizador como los fallos de las ventanillas.
Es decir, no habla solo desde la sensación. Asegura contar con material grabado que, desde su punto de vista, demostraría que los problemas existen.
Dos visitas al taller, una reclamación y una sensación de abandono
El propietario afirma que ha llevado el coche dos veces al concesionario y que, al no encontrar solución, también se puso en contacto con CUPRA España. Según explica, la marca abrió una reclamación contra el concesionario, pero no asumió directamente la gestión del problema.
La salida que, según su relato, le ofrecieron desde la marca fue acudir a otro concesionario para obtener una segunda opinión. Sobre el papel, esa alternativa podría parecer razonable. Pero su malestar va por otro lado: él insiste en que el coche lo compró allí, que lo pagó al contado y que, pese a eso, siente que ahora el concesionario “se lava las manos”.
Ese matiz cambia por completo el tono de la historia. Porque ya no se discute solo si el fallo existe o no existe. Se discute la responsabilidad comercial y la relación con el cliente después de la venta. Y en un coche nuevo, ese punto pesa tanto como la avería.
El segundo muro: otros concesionarios saturados y sin cita
La historia se complica todavía más cuando el cliente intenta seguir el camino que le propone la propia marca. Según relata, un concesionario al que le remitieron a través de CUPRA España le comunicó que estaba saturado y que no podían darle cita, ni siquiera incluirle en una lista de espera.
Después recibió la llamada de otro concesionario cercano, en este caso de SEAT y no de CUPRA, donde le trasladaron un plazo aproximado de dos meses. Ese detalle es demoledor porque desmonta la idea de una solución rápida. En la práctica, el cliente se ve obligado a moverse a otra red, aceptar tiempos largos y seguir conviviendo con un coche que, según asegura, no funciona como debería.
Ese es probablemente el punto más duro del caso. La sensación de que el problema no termina cuando el taller no detecta el fallo, sino que se agrava cuando ni siquiera hay capacidad real para ofrecer una alternativa inmediata.
Cuando el problema deja de ser técnico y pasa a ser de confianza
El testimonio de Anmaraiz dibuja algo que va más allá de una avería. Dibuja una ruptura de confianza. Porque cuando alguien compra un coche nuevo espera una cosa por encima de todas: que si algo falla, la estructura comercial y técnica responda con rapidez, criterio y seriedad.
@anmaraiz Fallos en Terramar nuevo @CUPRA España comprado en @CUPRA Surmoción y ninguno se responsabiliza. #falloscupra ♬ original sound - Ángel Martínez Aizpurúa
Aquí, al menos según la versión difundida, ha ocurrido justo lo contrario. El cliente no solo dice no haber encontrado una solución, sino que asegura haber recibido explicaciones inverosímiles, falta de implicación y una red incapaz de absorber el problema con agilidad.
Eso es lo que convierte este caso en una historia con eco más allá del fallo concreto. No importa tanto si el ruido del climatizador es un defecto puntual o si la incidencia de las ventanillas tiene un origen sencillo. Lo que de verdad pesa es la percepción de haber pagado un coche nuevo y acabar atrapado entre el concesionario que lo vendió, la marca que deriva y una red saturada que no da respuesta inmediata.
La pregunta que queda en el aire
El relato termina con una crítica frontal a cómo, según él, están funcionando tanto Surmoción como CUPRA España en este caso concreto. Y deja una pregunta incómoda flotando en el aire: de qué sirve estrenar coche si, cuando aparece el problema, el cliente siente que está solo.
En el mercado del automóvil, los fallos pueden existir. Lo que marca la diferencia no es solo que aparezcan o no, sino cómo se gestionan. Y cuando esa gestión empieza a generar más frustración que la propia avería, el problema ya no es únicamente mecánico. Es de marca. Es de atención. Y, sobre todo, es de credibilidad.