MERCEDES

Compra un Mercedes Clase A de ocasión y denuncia una pesadilla de averías y 5.000 euros de reparación

Mercedes Benz Clase A
Mercedes Benz Clase A

La compra de un coche de segunda mano puede ser una solución razonable para muchas familias. Menor precio de entrada, financiación asumible y la tranquilidad añadida de acudir a un vendedor profesional. Pero también puede convertirse en una pesadilla si el vehículo empieza a acumular averías desde el principio. Eso es lo que denuncia Johnathan, un afectado que ha contado públicamente su caso frente a un concesionario oficial Mercedes en Cartagena, al que identifica como Dimóvil, en la avenida Juan Carlos I.

Según su relato, él y su pareja buscaban un coche para el día a día, para ir al trabajo y cubrir necesidades familiares. No querían un capricho, sino un vehículo funcional. Acabaron comprando un Mercedes Clase A de 2014, con 125.000 kilómetros, por 12.500 euros. La operación se planteó con una financiación a 10 años, con una cuota aproximada de 170 euros mensuales. Una cifra que, sobre el papel, parecía asumible para una familia trabajadora. El problema es que, según explica, el coste final de la financiación se acercaría a los 20.000 euros.

Un coche vendido como impecable, según el afectado

Johnathan asegura que el vendedor le transmitió confianza desde el primer momento. Siempre según su versión, le explicó que el coche estaba impecable, que tenía las revisiones hechas en la casa y que cualquier problema estaría cubierto. Esa promesa fue clave para cerrar la operación, especialmente porque el comprador reconoce que no entendía de coches y que era su primer vehículo.

Pero las dudas llegaron pronto. A las dos semanas, según cuenta, el coche ya vibraba a 120 km/h. Después llegó un faro fundido, que sí fue sustituido en garantía. Más tarde aparecieron problemas con los inyectores, los calentadores, la batería y el tubo intercooler. El vehículo, sostiene, entró en el taller en varias ocasiones durante el primer año.

Turbo e inyectores: la avería que lo cambia todo

La situación se agravó cuando, tras recoger el coche del taller, el vehículo lo dejó tirado en plena autovía, en el Puerto de la Cadena, en Murcia, con su pareja y una niña pequeña dentro. Tras llevarlo de nuevo en grúa al concesionario, afirma que le diagnosticaron una avería de turbo e inyectores.

La reparación, según su denuncia, asciende a unos 5.000 euros. Y lo más grave para él no es solo la cifra, sino que no le garantizarían que el coche fuera a quedar completamente bien después de pagarla. Johnathan insiste en que los síntomas estaban presentes desde hacía tiempo: falta de fuerza, tirones, vibraciones a velocidad de autovía y dificultad de arranque.

La garantía, el punto de choque

El momento más tenso llegó cuando, según relata, el vendedor le comunicó que la garantía ya había vencido y que cualquier reparación tendría que abonarla de su bolsillo. Johnathan sostiene que muchos de los fallos fueron comunicados dentro del periodo de garantía y que el coche había mostrado problemas desde el principio.

Aquí aparece el punto clave del caso. En España, los productos de segunda mano comprados a una empresa tienen una garantía legal que por defecto es de tres años, aunque comprador y vendedor pueden pactar un plazo inferior; en bienes usados, ese plazo no puede ser inferior a un año. El Centro Europeo del Consumidor recuerda además que el periodo de garantía empieza a contar desde la recepción del producto.

La ley también establece que el empresario responde de las faltas de conformidad existentes en el momento de la entrega, y que el consumidor puede exigir reparación, sustitución, reducción del precio o resolución del contrato, según el caso. Además, las medidas correctoras deben ser gratuitas para el consumidor, incluyendo mano de obra, materiales, transporte o envío cuando proceda.

El detalle de las hojas del antiguo propietario

Uno de los elementos más delicados del relato es que Johnathan afirma haber encontrado en la guantera hojas de taller del anterior propietario con averías similares a las que él estaría sufriendo ahora. Si esa documentación existe y coincide con los mismos problemas mecánicos, podría ser una pieza importante para sostener que el coche ya arrastraba incidencias antes de la venta.

@jonathanjc96 Por favor, ayuda🙏🏽 Hemos comprado un vehículo de ocasión a la casa oficial Mercedes Di Móvil de Cartagena y se están riendo de nosotros, el coche presenta problemas desde la primera semana de tenerlo y lo que era un sueño para mí, se esta convirtiendo en una pesadilla, me encuentro con el coche con una avería de + de 5.000€ y se quieren lavar las manos por haberse cumplido la garantía, pero tengo todas las pruebas de que este coche estaba mal desde antes de tenerlo yo, necesito una persona que nos ayude. #Cartagena #mercedesbenz #dimovil #murcia #españa ♬ sonido original - JonathanJC96🧠🦈

Él lo define como un caso claro de vicios ocultos. Jurídicamente, habría que acreditarlo con documentos, historial de taller, informes técnicos y, probablemente, un peritaje mecánico independiente. No basta con que el coche falle; hay que demostrar que el defecto existía antes de la entrega, que no era fácilmente detectable por un comprador medio y que afecta de forma relevante al uso del vehículo.

La denuncia de amenazas

El afectado también relata un episodio especialmente grave: asegura que, tras solicitar una hoja de reclamaciones, recibió amenazas, insultos y comentarios humillantes por parte de la persona con la que había tratado la operación. Según su versión, le habrían dicho que le iban a “partir la cara”, que lo buscarían en el trabajo y que era un “muerto de hambre”.

Estas acusaciones, por su gravedad, deben tratarse con cautela hasta que exista denuncia formal, investigación o resolución. Johnathan afirma que tiene intención de denunciar por amenazas. En el material aportado no consta la versión del vendedor ni del concesionario sobre estos hechos.

Cuando la financiación convierte el problema en una trampa

El caso tiene una segunda lectura económica. Un coche anunciado por 12.500 euros puede acabar costando mucho más si se financia a largo plazo. En el relato de Johnathan, la operación termina acercándose a los 20.000 euros, mientras el coche acumula averías y ahora requiere una reparación de 5.000 euros.

Ese es el peor escenario para cualquier comprador: seguir pagando un coche que no puede usar con normalidad. Y más aún cuando el vehículo se compró para trabajar, moverse con la familia y cubrir necesidades básicas.

Qué debería reunir un afectado en un caso así

El caso de Johnathan refleja la importancia de conservarlo todo: contrato de compraventa, documento de financiación, garantía firmada, partes de taller, facturas, mensajes, correos, hojas de reclamaciones, informes de grúa y cualquier diagnóstico escrito. También resulta clave pedir un informe pericial que determine si las averías actuales guardan relación con los problemas anteriores y si pudieron existir antes de la venta.

La propia normativa de consumo contempla que, durante el periodo posterior a una reparación, el empresario puede responder si se reproducen defectos del mismo origen. El BOE recoge que, durante el año posterior a la entrega del bien ya conforme, se presume que los defectos reproducidos tienen el mismo origen que los inicialmente manifestados.

Un caso que toca un miedo muy común

La historia de Johnathan no es solo la denuncia de un comprador concreto. Es el miedo de cualquiera que compra un coche usado confiando en un vendedor profesional: que el vehículo llegue maquillado, que las averías aparezcan poco a poco y que, cuando el problema sea ya evidente, la respuesta sea que la garantía ha terminado.

Por ahora, lo único que existe es la versión del afectado, que reclama ayuda para resolver una situación que considera injusta. Su caso reúne todos los ingredientes de una disputa compleja: coche de ocasión, financiación larga, averías repetidas, reparaciones previas, posible documentación del anterior propietario, garantía vencida y una factura de reparación que puede dejar a una familia atrapada entre seguir pagando o iniciar una batalla legal.