TALLER

Un mecánico dice lo que haces mal al poner el aire acondicionado: "Lo haces mal con las ventanillas"

Aire acondicionado
Aire acondicionado

En verano hay un gesto que prácticamente todos los conductores hacen de forma automática: abrir el coche, sentarse, cerrar la puerta, arrancar y poner el aire acondicionado al máximo. Parece lo lógico. El habitáculo está ardiendo, el volante quema, los asientos están calientes y lo único que uno quiere es que empiece a salir aire frío cuanto antes.

Pero el mecánico Juan José Ebenezer ha advertido de un detalle que muchos pasan por alto: quizá no sea buena idea encerrarse inmediatamente dentro del coche y empezar a recircular ese aire caliente nada más entrar.

Su consejo es muy simple: bajar las ventanillas durante unos segundos, poner el aire acondicionado y dejar que el coche ventile antes de cerrarlo por completo.

No se trata de crear alarma ni de decir que por hacerlo mal alguien vaya a enfermar automáticamente. El propio mecánico lo matiza. Pero sí habla de un gesto pequeño que puede mejorar la calidad del aire que respiramos dentro del coche, especialmente cuando ha estado aparcado al sol durante horas.

El coche puede estar mucho más caliente por dentro que por fuera

El primer punto importante es la temperatura. Muchas veces el conductor mira el termómetro exterior y piensa que el coche estará caliente, pero no tanto. Sin embargo, el habitáculo de un vehículo cerrado puede convertirse rápidamente en una especie de invernadero.

La radiación solar entra por las lunas, calienta el salpicadero, los asientos, los paneles, el volante y las superficies interiores. Ese calor queda atrapado dentro y la temperatura puede subir mucho más de lo que marca el exterior.

Por eso al entrar en un coche aparcado al sol aparece esa sensación de horno: el aire está cargado, seco, caliente y con un olor característico. No es solo incomodidad. Es también una señal de que los materiales interiores han estado sometidos a una temperatura muy alta.

El olor de los plásticos calientes

El mecánico lo explica de forma muy gráfica: cuando el coche está a una temperatura muy elevada, los plásticos y materiales del interior pueden desprender ese “olorcito” que muchos conductores reconocen. Ese olor puede venir de plásticos, adhesivos, espumas, tapicerías, recubrimientos, gomas o materiales del salpicadero.

En términos técnicos, hablamos de compuestos que pueden liberarse al aire del habitáculo. Algunos se conocen como compuestos orgánicos volátiles, más conocidos como VOC por sus siglas en inglés.

No todos tienen el mismo nivel de riesgo ni todos aparecen en las mismas concentraciones. Además, los coches modernos están sometidos a controles de materiales y los fabricantes han mejorado mucho en este aspecto. Pero la idea de base es razonable: cuanto más caliente está el interior, más probable es que ciertos materiales desprendan olor y partículas o gases al ambiente.

Y si nada más entrar cerramos todo y ponemos el aire, respiramos ese aire concentrado durante los primeros minutos.

No es una cuestión de pánico, sino de sentido común

Conviene insistir en esto: no se trata de decir que abrir el coche, cerrar la puerta y poner el aire acondicionado vaya a provocar una enfermedad grave. No es ese el mensaje. El propio Juan José Ebenezer lo plantea como una medida de prudencia, no como una sentencia médica.

La idea es parecida a ventilar una habitación cerrada. Si una estancia lleva muchas horas cerrada y hace mucho calor, lo normal es abrir un poco para renovar el aire. Con el coche pasa algo parecido, solo que en un espacio mucho más pequeño y con muchos materiales expuestos directamente al sol.

Por eso el consejo tiene sentido: antes de respirar todo ese aire caliente acumulado, se deja salir.

Cómo hacerlo bien

El gesto recomendado es muy sencillo. Al entrar en el coche, en lugar de cerrar inmediatamente todas las puertas y poner el aire a tope con el habitáculo completamente cerrado, se pueden bajar las ventanillas durante unos segundos.

Lo ideal sería arrancar, poner el aire acondicionado, dejar que el ventilador expulse el aire caliente y circular o esperar brevemente con las ventanillas bajadas. En muy poco tiempo, el aire interior se renueva y el calor acumulado empieza a salir.

Después, cuando ya se ha evacuado parte del aire caliente, se suben las ventanillas y se deja trabajar al climatizador con normalidad.

Este pequeño gesto puede tener dos ventajas. La primera, que el coche se enfría antes, porque no obligamos al aire acondicionado a pelear inicialmente contra una bolsa de aire abrasador encerrada. La segunda, que reducimos la exposición inicial a ese olor fuerte de plásticos y materiales calientes.

El error de poner directamente la recirculación

Otro punto importante es la recirculación. Muchos conductores activan el botón de recircular el aire nada más entrar, pensando que así enfriarán antes el coche. Puede tener sentido una vez que el habitáculo ya ha empezado a enfriarse, pero justo al principio puede no ser lo más recomendable.

Si el coche lleva horas al sol, la recirculación mueve dentro del habitáculo el mismo aire caliente y cargado que queremos expulsar. Por eso, al principio, es mejor renovar aire. Una vez que el interior ya ha bajado de temperatura, cerrar ventanillas y usar la recirculación puede ayudar a mantener el frío con más eficiencia.

La secuencia práctica sería: ventanillas abajo, aire encendido, expulsar calor, cerrar, enfriar y después usar recirculación si se quiere mantener mejor la temperatura.

También ayuda a que el aire acondicionado trabaje menos

Este consejo no solo tiene que ver con la salud o con los olores. También tiene una parte práctica para el propio coche. Si el habitáculo está a una temperatura altísima y lo cerramos todo desde el primer segundo, el sistema de climatización tiene que hacer un esfuerzo mayor para bajar la temperatura.

Ventilar unos segundos ayuda a expulsar el calor acumulado más rápido. Eso hace que el aire acondicionado pueda trabajar en mejores condiciones. No va a transformar el coche en una nevera de inmediato, pero sí puede hacer que el proceso sea más eficiente y más agradable.

En días de mucho calor, cualquier ayuda cuenta: aparcar a la sombra, usar parasol, dejar una mínima ventilación cuando sea seguro hacerlo, abrir puertas unos segundos antes de entrar o evitar tocar superficies metálicas o plásticas que hayan estado al sol directo.

Un consejo especialmente útil en coches nuevos

Este aviso puede ser todavía más interesante en coches nuevos o recién estrenados. Muchos conductores conocen el famoso “olor a coche nuevo”. Ese olor suele estar relacionado con los materiales del interior, adhesivos, plásticos, espumas y tratamientos superficiales.

En un coche nuevo, ese olor puede ser más intenso, especialmente si se queda aparcado al sol. Por eso ventilar es una buena costumbre. No porque el coche sea peligroso, sino porque renovar el aire del habitáculo ayuda a reducir esa sensación cargada y a viajar de forma más cómoda.

Lo mismo puede ocurrir en coches que han recibido una limpieza interior intensa, tratamientos de tapicería, ambientadores fuertes o productos químicos en el salpicadero. Si el vehículo se calienta mucho, conviene ventilar antes de pasar varios minutos encerrados dentro.

Pequeños hábitos que suman

El mensaje de Juan José Ebenezer tiene fuerza porque no pide hacer nada complicado. No exige comprar un producto, instalar un sistema ni cambiar la forma de usar el coche. Solo propone modificar un gesto diario.

En vez de entrar, cerrar y enfriar, la idea es entrar, ventilar unos segundos y luego enfriar.

Ese tipo de hábitos son fáciles de incorporar y pueden mejorar el confort en verano. Igual que nadie discute que conviene beber agua, evitar dejar a niños o mascotas dentro del coche, usar parasol o no tocar el volante ardiendo sin cuidado, ventilar el habitáculo antes de cerrar todo es una recomendación razonable.

La advertencia final del mecánico

El consejo no significa que quien no lo haga vaya a tener un problema grave. No hay que llevarlo al extremo. Pero sí recuerda algo que muchas veces olvidamos: el coche es un espacio cerrado, pequeño y lleno de materiales que se calientan mucho cuando está al sol.

Y si al abrir la puerta notamos un olor fuerte, pesado o químico, lo lógico no es encerrarnos inmediatamente dentro. Lo lógico es dejar que salga.

Por eso, en verano, antes de poner el aire acondicionado como si estuviéramos entrando en una cámara frigorífica, quizá conviene dedicar unos segundos a lo más simple: bajar las ventanillas y ventilar.

El coche se enfriará mejor, el aire será menos cargado y el viaje empezará de una forma bastante más agradable.