Hasta el Congreso se harta de las "ocurrencias" de Pere Navarro
La reforma que pretendía endurecer los límites de alcohol al volante en España ha quedado definitivamente bloqueada. El Congreso de los Diputados ha rechazado la propuesta impulsada por la Dirección General de Tráfico (DGT), frustrando uno de los principales objetivos en materia de seguridad vial del Gobierno. La iniciativa ha sido tumbada por un margen mínimo, con 19 votos en contra frente a 18 a favor, en una votación que ha evidenciado la falta de consenso político.
La medida buscaba reducir el límite actual de alcoholemia de 0,25 mg/l en aire espirado a 0,10 mg/l, lo que en la práctica habría situado a España muy cerca de una política de tolerancia cero. Aunque no suponía un 0,0 absoluto, sí marcaba un cambio profundo en la normativa, alineándose con otros países europeos que ya aplican restricciones más estrictas.
El rechazo parlamentario pone fin a más de un año de intentos del Ejecutivo por sacar adelante esta reforma. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había defendido reiteradamente la urgencia de la medida, apoyándose en datos que vinculan el consumo de alcohol con una parte significativa de los accidentes mortales en carretera.
Una votación marcada por la división política
El resultado final ha estado condicionado por el voto en contra del Partido Popular, Vox y ERC, una combinación que ha resultado decisiva para tumbar la propuesta. Especialmente relevante ha sido la posición de ERC, que finalmente rechazó la iniciativa tras haber mostrado una postura más ambigua en fases anteriores.
Cada formación ha justificado su decisión con argumentos distintos. El Partido Popular ha señalado la falta de consenso para una modificación de este alcance, mientras que Vox ha criticado lo que considera una restricción excesiva para los conductores. ERC, por su parte, había condicionado su apoyo a la obtención de nuevas competencias de tráfico para Cataluña, un acuerdo que no se materializó.
La votación ha generado sorpresa por el equilibrio de fuerzas y por el hecho de que una medida de seguridad vial, tradicionalmente respaldada por amplios consensos, haya terminado bloqueada por un solo voto.
Un debate que vuelve al centro: alcohol y seguridad vial
El rechazo de la reforma reabre el debate sobre el papel del alcohol en la siniestralidad. Los datos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses son contundentes: en uno de cada dos conductores fallecidos en accidentes en 2024 se detectó presencia de alcohol o drogas.
A esto se suman los estudios del Instituto Universitario de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial, que apuntan a que una reducción de la tasa como la propuesta podría disminuir entre tres y cinco veces el riesgo de accidente. Estas cifras han sido uno de los pilares del argumento del Gobierno para impulsar el cambio.
Desde la DGT, su director Pere Navarro ha insistido en múltiples ocasiones en una idea clara: “la única tasa segura es 0,0”. La reforma pretendía acercarse a ese objetivo sin llegar a implantarlo de forma total.
Qué habría cambiado con la nueva norma
De haber salido adelante, la nueva regulación no solo habría reducido los límites de alcohol, sino que también habría introducido cambios en el sistema de sanciones. El objetivo era endurecer las consecuencias desde niveles muy bajos de consumo.
Superar los 0,2 g/l en sangre (0,1 mg/l en aire) habría implicado la pérdida de 2 puntos del carné. A partir de 0,5 g/l (0,25 mg/l en aire), la sanción habría ascendido a 4 puntos, mientras que los niveles más altos se habrían castigado con la pérdida de hasta 6 puntos.
Además, la medida habría eliminado las diferencias actuales entre conductores noveles, profesionales y el resto, estableciendo un límite único para todos.
Un frenazo con el verano a la vista
La decisión llega en un momento especialmente sensible. La norma podría haber entrado en vigor este mismo verano, coincidiendo con el periodo de mayor volumen de desplazamientos en carretera. Durante estos meses, el aumento de viajes y celebraciones suele ir acompañado de un mayor consumo de alcohol, lo que incrementa el riesgo de accidentes.
El bloqueo de la reforma deja en el aire uno de los cambios más ambiciosos en seguridad vial de los últimos años. Mientras tanto, el debate sigue abierto: entre quienes defienden una mayor restricción para reducir la siniestralidad y quienes consideran que la normativa actual es suficiente.