Cuando el coche también se va de vacaciones: España y Estados Unidos, dos formas de vivir el verano sobre ruedas
Hay quien dice que las vacaciones empiezan al llegar al destino. Yo siempre he pensado lo contrario. Empiezan en el mismo instante en que cierras la puerta de casa, colocas las maletas en el coche, giras la llave, escuchas arrancar el motor y pones rumbo a la carretera. Ese primer kilómetro ya forma parte del viaje.
Cada verano, millones de personas hacen exactamente lo mismo a ambos lados del Atlántico. Familias enteras, parejas, grupos de amigos y viajeros solitarios convierten las carreteras en el escenario de millones de historias. Pero aunque España y Estados Unidos comparten esa ilusión por viajar, la forma de hacerlo, las distancias, el coste y hasta la propia cultura del automóvil son completamente diferentes.
España: el verano empieza en la carretera
En España, los meses de julio y agosto representan la mayor operación de movilidad del año. La Dirección General de Tráfico prevé más de 100 millones de desplazamientos de largo recorrido durante el verano. Una cifra impresionante para un país de menos de cincuenta millones de habitantes.
Las autovías se llenan de coches camino de la costa, la montaña, los pueblos y los reencuentros familiares. Es una imagen que forma parte de nuestra identidad.
Sin embargo, cuando ponemos el pie en Estados Unidos, todo cambia de escala.
Estados Unidos: un país construido para conducir
Aquí el coche no es únicamente un medio de transporte. Es una forma de vida.
Solo durante la semana del Día de la Independencia, más de 61 millones de personas salen a la carretera para recorrer al menos 80 kilómetros. Si hablamos de todo el verano, los desplazamientos se cuentan por cientos de millones.
Es un país construido para conducir.
La diferencia más evidente aparece al mirar el mapa. En España, recorrer 500 kilómetros ya significa atravesar buena parte del país. En Estados Unidos, esos mismos 500 kilómetros apenas sirven para calentar el motor.
Muchas familias realizan viajes de 1.500, 2.000 e incluso más de 3.000 kilómetros sin abandonar sus fronteras. Las autopistas interestatales, los parques nacionales, los desiertos, las Montañas Rocosas o las dos grandes costas convierten el trayecto en una experiencia tan importante como el propio destino.
Litros frente a galones
También cambia la forma de hablar del combustible.
En España llenamos el depósito calculando el precio por litro. En Estados Unidos todo se mide por galones. Un galón equivale a 3,785 litros y el precio medio ronda actualmente los 3,80 dólares por galón, es decir, aproximadamente 1 dólar por litro.
En España, el litro de gasolina se sitúa alrededor de 1,55 euros.
Traducido al bolsillo, recorrer largas distancias en Estados Unidos resulta bastante más económico. Por eso allí no sorprende ver enormes SUV, pick-up, autocaravanas o todoterrenos cruzando el país durante semanas enteras.
La AAA, la tranquilidad del conductor americano
Pero existe otro detalle que define perfectamente la cultura del automóvil estadounidense.
Se llama AAA, la American Automobile Association.
Para millones de conductores es tan importante como llevar combustible en el depósito. Por una cuota anual que suele comenzar alrededor de 65 dólares, cualquier socio dispone de asistencia en carretera las veinticuatro horas del día.
Y lo mejor es que la cobertura no pertenece al coche, sino a la persona.
Da igual que conduzcas tu vehículo, uno de alquiler, el coche de un amigo o incluso viajes como acompañante. Si eres socio, la ayuda va contigo.
Un pinchazo, una batería descargada, quedarse sin gasolina, abrir un coche con las llaves dentro o necesitar una grúa forman parte de un servicio que transmite una enorme tranquilidad.
Existen modalidades superiores, de unos 100 o 125 dólares al año, que aumentan considerablemente la distancia de remolque y añaden más coberturas. Es una filosofía diferente: hacer que viajar miles de kilómetros sea sencillo y seguro.
Dos formas de vivir la carretera
España y Estados Unidos comparten la pasión por la carretera, pero cada uno la vive a su manera.
En España, el viaje suele terminar junto al mar, en una terraza, en un pueblo de montaña o alrededor de una mesa con la familia. En Estados Unidos, muchas veces el viaje es la propia aventura, enlazando estados durante días enteros hasta llegar al destino soñado.
Y después de recorrer miles de kilómetros comparando dos formas de entender el automóvil, también hay que ser justos.
Estados Unidos puede presumir de autopistas interminables, de una gasolina más asequible, de distancias inmensas, de una cultura del automóvil extraordinaria y de servicios como la AAA que hacen que viajar por carretera resulte cómodo y seguro.
Pero hay algo que ningún país puede copiarle a España.
Lo que España tiene y no se mide en kilómetros
Nuestra gastronomía. Nuestros pueblos. Nuestras plazas llenas de vida.
Las terrazas donde una comida termina convirtiéndose en una sobremesa interminable.
Las fiestas patronales que llenan de música, tradición y emoción cada rincón del país. Las romerías, las ferias, las verbenas, los encierros, las fiestas del mar, de la montaña y de cada pequeño pueblo que mantiene vivas costumbres transmitidas de generación en generación.
Porque viajar no consiste únicamente en hacer kilómetros.
También consiste en detenerse, sentarse alrededor de una mesa, brindar con los amigos, saborear un buen jamón, una paella, un pulpo, un cocido o unas simples tapas y descubrir que la verdadera riqueza de un viaje muchas veces está en las personas.
España podrá ser más pequeña. Tendrá menos carreteras y recorreremos muchos menos kilómetros que en Estados Unidos. Pero cuando hablamos de gastronomía, hospitalidad, tradiciones y de la magia de nuestros pueblos, España juega en la primera división del mundo.
Y eso no se mide ni en kilómetros, ni en galones, ni en litros de gasolina.
Eso se mide con el corazón.
El viaje continuará
En el próximo reportaje seguiremos viajando, pero cambiaremos el volante por el billete. Compararemos el tren y el avión en España y en Estados Unidos, sus precios, sus infraestructuras, sus ventajas y descubriremos que, una vez más, dos grandes países pueden entender el transporte de formas completamente diferentes.
Mientras tanto, disfrutemos de la carretera, respetemos a quienes viajan con nosotros y recordemos que las mejores vacaciones no siempre son las que nos llevan más lejos, sino las que nos dejan los mejores recuerdos.
¡Olé por Estados Unidos, un país extraordinario para recorrer sobre cuatro ruedas… y, cómo no, olé, olé y mil veces olé por España, por su gente, por sus pueblos y por una forma de vivir que sigue siendo única en el mundo!
LUIKE / EL CIRCUITO
Toñejo Rodríguez