Un ex guardia civil siente "vergüenza" al ver un coche de Tráfico "escondido" para multar a la gente
La imagen de un coche de la Guardia Civil de Tráfico aparentemente oculto en un desnivel ha vuelto a encender uno de los debates más recurrentes en carretera: dónde termina la vigilancia preventiva y dónde empieza la sensación de que el objetivo principal es multar.
La fotografía, descrita por muchos usuarios como “dantesca”, muestra un vehículo oficial situado en una posición poco visible para los conductores. La escena ha provocado una reacción especialmente contundente de Josema Vallejo, antiguo miembro de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, que no ha dudado en expresar públicamente su malestar.
Su frase ha corrido rápidamente entre conductores y motoristas:
“He pasado casi 20 años destinado en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y cuando veo cosas así, paso muchísima vergüenza.”
Y añadió todavía más:
“Y si algún compañero discrepa, aquí espero con el escudo antidisturbios, pero de esa opinión no me muevo.”
Una crítica que pesa más por venir de dentro
La reacción ha tenido especial impacto porque no procede de un conductor enfadado tras recibir una multa, sino de alguien que asegura haber pasado casi 20 años dentro de la propia Agrupación de Tráfico.
He pasado casi 20 años destinado en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y cuando veo cosas así, paso muchísima vergüenza.
— Josema Vallejo (@JosemaVallejo) April 15, 2026
Y si algún compañero discrepa, aquí espero con el escudo antidisturbios, pero de esa opinión no me muevo. pic.twitter.com/l187AfMXw5
Eso cambia por completo la lectura del mensaje. Vallejo no ataca desde el desconocimiento ni desde una simple rabieta contra los controles. Su crítica nace, según sus palabras, desde la experiencia acumulada en carretera y desde una idea muy clara: determinadas imágenes hacen daño a la credibilidad del cuerpo.
La frase “paso muchísima vergüenza” es especialmente dura porque no cuestiona únicamente una actuación concreta. Señala algo más profundo: la sensación de que ciertas prácticas pueden alejar a la Guardia Civil de Tráfico de su función preventiva y acercarla a una imagen meramente sancionadora.
El problema no es controlar, sino cómo se controla
Nadie discute que la vigilancia en carretera sea necesaria. Los controles de velocidad, alcohol, drogas, distracciones o conducción temeraria forman parte de la seguridad vial y pueden salvar vidas.
El problema aparece cuando el conductor percibe que el control no está pensado para prevenir, sino para sorprender. Y una patrulla escondida en un desnivel, fuera de la vista, alimenta precisamente esa interpretación.
Para muchos usuarios, si el objetivo es que la gente reduzca la velocidad o conduzca de forma más prudente, la presencia visible de una patrulla puede ser mucho más eficaz que ocultarla. Ver un coche de Tráfico en el arcén obliga a levantar el pie, aumenta la atención y genera un efecto inmediato sobre la conducta.
En cambio, cuando el vehículo queda oculto, la sanción puede llegar, pero la conducta peligrosa quizá ya se ha producido.
La vieja discusión sobre la recaudación
Este tipo de imágenes reactivan siempre la misma sospecha: la de una DGT o una vigilancia de Tráfico más preocupada por la multa que por la prevención.
Es una percepción muy extendida entre conductores, aunque no siempre sea justa con todos los agentes ni con todos los controles. Muchos guardias civiles realizan a diario labores esenciales en accidentes, auxilios, cortes de carretera, escoltas, campañas especiales y vigilancia de puntos peligrosos.
Pero basta una foto como esta para que esa labor quede eclipsada por la sensación de trampa.
Ahí está precisamente la importancia del comentario de Josema Vallejo. Su crítica no parece dirigida contra el cuerpo en su conjunto, sino contra una forma concreta de actuar que, en su opinión, perjudica a todos.
La imagen pública de la Guardia Civil de Tráfico
La Guardia Civil de Tráfico tiene una posición delicada. Por un lado, debe sancionar conductas peligrosas. Por otro, necesita conservar la confianza de los ciudadanos. Y esa confianza se resiente cuando los controles se perciben como emboscadas.
La seguridad vial funciona mejor cuando el conductor entiende que la norma tiene sentido y que la vigilancia existe para proteger, no para cazar.
Por eso la ubicación de los vehículos oficiales, la señalización, la visibilidad y el criterio de actuación importan tanto. No se trata solo de si una multa es legal o no. Se trata de qué mensaje transmite.
Un coche escondido puede ser eficaz para detectar infracciones. Pero también puede reforzar la idea de que el sistema prefiere recaudar después antes que evitar el riesgo antes.
“Si algún compañero discrepa…”
La segunda parte del mensaje de Vallejo también tiene fuerza. Al decir “si algún compañero discrepa, aquí espero con el escudo antidisturbios”, deja claro que sabe que su opinión puede generar rechazo dentro del propio cuerpo.
Pero también remarca que no piensa moverse de esa posición.
Ese matiz convierte su declaración en algo más que una queja. Es una toma de postura pública sobre cómo debería ejercerse la autoridad en carretera.
Para él, al menos según el mensaje difundido, hay prácticas que no ayudan a la seguridad vial y que además dañan la imagen de quienes sí hacen bien su trabajo.
Un debate necesario
La polémica deja una pregunta incómoda encima de la mesa: ¿qué tipo de vigilancia quiere la sociedad?
Una vigilancia visible, preventiva y orientada a corregir conductas antes de que ocurra el peligro. O una vigilancia oculta, sancionadora y centrada en documentar la infracción cuando ya se ha cometido.
Probablemente la respuesta no sea absoluta. Habrá situaciones donde un control discreto tenga sentido, especialmente para detectar conductas graves que solo aparecen cuando el conductor cree que nadie le ve. Pero también hay imágenes que resultan difíciles de defender desde el punto de vista de la pedagogía vial.
Y esta, según Josema Vallejo, es una de ellas.
Porque cuando un veterano de la Agrupación de Tráfico dice que siente vergüenza al ver un coche oficial escondido en un desnivel, el debate ya no puede reducirse a una simple queja de conductores. Es una llamada de atención desde dentro sobre algo esencial: la seguridad vial no solo debe hacerse cumplir. También debe parecer justa, transparente y pensada para proteger.