La última de Toñejo: Querida España
Hoy quiero escribirte estas líneas con el corazón en la mano. Nunca he sido un gran aficionado al fútbol. Mi vida siempre ha estado ligada al motor, a las motos, a los coches, a los circuitos y a las carreras. Ese ha sido mi mundo desde que era un niño. Pero cuando juegas tú, todo cambia. Entonces deja de importar el deporte. Solo existe un escudo, una bandera y un sentimiento capaz de unir a millones de personas.
Todavía recuerdo perfectamente aquel verano de 2010. Vi la final del Mundial en casa de mi padre, rodeado de mis hermanos, de mis sobrinos y de mi cuñado. Aquella noche fue una de esas que nunca se olvidan. Gritamos, sufrimos, nos abrazamos y lloramos de felicidad cuando España alcanzó por primera vez la gloria. Mi madre ya no estaba con nosotros y, un año después, también se marchó mi padre. Han pasado dieciséis años y este campeonato del mundo lo he vivido de una forma completamente distinta, desde Estados Unidos, a miles de kilómetros de nuestra tierra. Sin embargo, mientras sonaba nuestro himno y veía a nuestros jugadores luchar por un sueño, sentí exactamente lo mismo que aquella tarde. Porque estoy convencido de que las personas que amamos nunca se marchan del todo. Mientras vivan en nuestro corazón seguirán caminando a nuestro lado. Hoy mis padres también estaban conmigo. Han celebrado este título conmigo y con todos los españoles.
Mientras veía las imágenes de las calles llenas de gente, de las plazas teñidas de rojo y gualda, de los niños abrazándose, de los mayores emocionados y de familias enteras celebrando unidas, no podía dejar de pensar en lo grande que eres. Y no hablo de tu tamaño, porque España es un país pequeño sobre el mapa, sino de tu corazón. Somos una nación capaz de competir con cualquiera, una tierra que nunca deja de creer y que ha demostrado al mundo una y otra vez que el trabajo, el sacrificio y la humildad son el camino hacia el éxito.
Nada de lo que conseguimos llega por casualidad. Detrás de cada campeonato hay miles de personas que trabajan en silencio. Por eso hoy también quiero dar las gracias a nuestros padres y a nuestras madres, porque fueron ellos quienes nos enseñaron a levantarnos cuando nos caíamos. Gracias a nuestros profesores, porque nos educaron en el respeto, en el esfuerzo y en los valores que nos acompañarán toda la vida. Gracias a los entrenadores, a los voluntarios y a todas esas personas que nunca salen en las fotografías, pero que también levantan cada trofeo desde el anonimato. Esta victoria también es suya.
Me emocionó escuchar a nuestro seleccionador hablar de sus jugadores. No empezó hablando de goles ni de títulos. Dijo algo mucho más importante: que eran buenas personas. Y pocas frases tienen tanto valor como esa. Porque antes que grandes futbolistas hay que ser grandes seres humanos. El talento puede abrir muchas puertas, pero son la humildad, la educación y el respeto los que consiguen que todo un país se sienta orgulloso de quienes lo representan. Llevar el escudo de España sobre el pecho significa llevar la ilusión de millones de personas y entender que son muchos los que sueñan con vestir esa camiseta, pero muy pocos los llamados y todavía menos los elegidos.
Hoy me siento inmensamente orgulloso de haber nacido en esta tierra. Orgulloso de mis raíces, de nuestra historia y de nuestra bandera. Pero, sobre todo, orgulloso de nuestra gente. Porque España no es solamente fútbol. España son los aperitivos que nunca tienen prisa, las cañas entre amigos, los pinchos, las sobremesas que alargan las conversaciones, las fiestas de nuestros pueblos, la alegría de nuestras calles, la cercanía de nuestra gente y esa forma tan nuestra de hacer sentir en casa a cualquiera que llega. Esa manera de vivir también nos hace únicos y también nos hace grandes.
Esta noche rezaré por todos vosotros. Por los que llenáis nuestras plazas de ilusión. Por nuestros niños, por nuestros mayores, por quienes hoy celebran este campeonato abrazados a su familia y también por quienes, como yo, miran al cielo recordando a las personas que ya no están físicamente, pero que siguen ocupando el lugar más importante de nuestro corazón. Ellos también han celebrado esta victoria con nosotros.
Gracias, España, por volver a emocionarnos. Gracias por recordarnos que cuando un pueblo permanece unido no existen los imposibles. Y gracias por hacer que, incluso viviendo al otro lado del océano, uno siga sintiendo que nunca ha dejado de estar en casa.
Con todo mi cariño, con todo mi respeto y con un orgullo que hoy no me cabe en el pecho, solo puedo terminar de una manera…
¡Qué privilegio haber nacido en España! ¡Qué orgullo decir bien alto que soy español! ¡Y que viva España, hoy, mañana y siempre!
LUIKE/EL CIRCUITO
Toñejo Rodriguez